Ésta

¿Hay alguien o algo que determina hacia dónde voy? Si es Dios, ¿sabe qué hago y me lleva, o yo decido de acuerdo a las opciones que me da? Si es el destino, ¿cada paso tiene una razón? Si son muchos dioses, ¿se reúnen a conversar sobre lo que digo y callo, se ríen porque saben que eventualmente voy a encontrar respuestas a lo que tanto pregunto al cielo? Si es la naturaleza, ¿es la encargada de darme energía cada mañana o yo abuso de lo que tiene, asumiendo que me da?

No tengo idea.

J J Benítez, escritor español, sí sabe. Y sobre eso hablamos hoy.

Llegué antes de las 11:00 am. Me senté en un sillón de cuerina en la recepción. Saqué el libro “Sólo para tus ojos” y empecé a leer. En 30 minutos tenía una entrevista con el autor de ese libro de tapa azul donde había una unión entre un ojo, luz blanca y algo que parece una nave espacial. “Cuarenta y cuatro años de investigación ovni”, está escrito en la parte inferior con letras pequeñas.

Página tras página, el autor presenta una cantidad de testimonios de personas de todas las edades, nacionalidades, razas y géneros que describen cómo fue su encuentro con seres desconocidos. Con ovnis.

Esta mañana me levanté a las 7 am, desayuné, conversé con mi mamá, me bañé y todavía con el pelo mojado, me senté en el escritorio del cuarto del Martín. Empecé a investigar sobre la vida de Juan José Benítez. Con cada nueva entrevista que leía, más me aterraba. A este señor, que dice con certeza que los ovnis existen y están entre nosotros (hay ovnis gordos, afirma), tenía que entrevistar en pocas horas. ¿De qué vamos a hablar si los ovnis -y en consecuencia todo lo sobrenatural- me da miedo?

Así, predispuesta y escéptica, me levanté del sillón y saludé con el gerente de la Editorial Planeta. En la ruta desde el ascensor hacia la cafetería de uno de los pisos más altos del edificio, desapareció mi preocupación. Cuando estuve frente a Benítez y me saludó con la mano, recuperé toda mi seguridad. Me encanta hacer entrevistas, y ésta sería mi primera entrevista sobre ovnis. Sí, sobre ovnis.

J J Benítez, con su mirada intensa, acento de Navarra, excelente manejo de la palabra, anillo de plata en el dedo meñique derecho e historias que parecen fantasía pero él las cuenta como una certeza absoluta, me envolvió de tal manera que no me di cuenta de que ya habían pasado 45 minutos.

Me contó sobre la vida, la verdadera vida, que comienza después de la muerte. Traté de entender por qué, para él, no existe el libre albedrío porque cada paso está predeterminado. Dijo que los errores no existen, y me pidió que nunca me arrepienta de nada de lo que he hecho (que, si no fuera por ellos, no estaría ahí, sobre un Quito en movimiento, lejos de todos los demás, preguntándome qué certezas tengo yo). Aceptó que le tiene miedo “a los ordenadores” pero no a los ovnis.

Usaba una chaqueta azul marino, el pelo canoso peinado con gel hacia la izquierda. Cuando nos levantamos me di cuenta que tiene 70 años porque camina un poco más lento de lo que habla. Conversamos, ya más relajados y sin grabadora, de vuelta a la recepción. Frente a una pared blanca, con el sol rozándole la cara, le tomé un par de fotos.

Enseguida nos despedimos. Esta vez me dio un beso en cada mejilla. “Talogo”, me dijo.

Si está todo predestinado, si todos los caminos eventualmente me trajeron a este momento, a ésta noche en que me revientan los ojos, la cabeza y el cuello del dolor por permanecer tanto tiempo sentada frente a la computadora, si los errores solo fueron decisiones que tenía que tomar… entonces, ¿quién determina a donde voy? ¿Alguien, algo o yo? Sigo sin saber.

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