Cuajar

¿No les ha pasado, queridísimos lectores, que llega un momento oscuro en su vida donde piensan “carajo, pero si no sé nada de nada. Estudié cuatro años una carrera donde me repitieron lo mismo una y otra vez, pero cuando tengo que poner en práctica eso, justo eso, no tengo ni la más mínima idea de cómo hacerlo”? Y, enseguida, llegan a la conclusión más fácil, simple y desgarradora: la universidad no sirve para nada.

Es como si esos años pasaron en una semana. Lo único que aprendiste es a quejarte de la personalidad del coordinador de la carrera, mientras tus compañeros (sobretodo las compañeras) sabían a la perfección cómo redactar una nota que respondía las seis preguntas que te hicieron en cada una de las clases: qué, quién, dónde, cuándo, dónde, cómo, por qué. A ellas esto no les pasaría. Ellas aprendieron bien. Ellas se graduaron con honores. En cambio tú, pequeña despistada, nunca pusiste verdadera atención a lo que sí era importante. El tiempo pasó tan rápido y no aprendiste nada. Hoy, frente a una noticia en la que no encuentras el argumento principal ni eres capaz de ponerle pies y cabeza a un suceso con relevancia nacional, te ves igual como cuando la leche no llegó a cuajar bien.

Así, de puntillas y detrás de una pantalla, esperas que el director del periódico donde haces un remplazo te diga “mijita, deje nomás. Usted no debería llamarse periodista”.

Pero todavía no dice esas cinco palabras que sí te repites cuando te olvidas de darle sujeto a un titular.

Entonces, queridísimos lectores, te entran unas ganas locas de ser otra persona. Alguien, como el Miguel -el verdadero editor- que desplaza sus manos por el teclado tan fácilmente mientras articula ideas, argumentos, hechos, información y -a veces- adjetivos que completan una nota de tal manera que puede ser publicada enseguida. No se demora más de media hora en tres párrafos que deben ser leídos tan rápida y eficazmente que el lector debe saber lo necesario para sentirse bien informado.

¿Les ha pasado, queridísimos lectores, que miran atrás y se preguntan “qué hacía cuando decía que estudiaba” y se ríen en solitario? Entonces recuerdan que han pasado seis años desde la graduación del colegio y tres meses desde la graduación de la universidad y, de verdad, se sienten más ignorantes que en el primer día en secundaria.

Aparentemente, queridísimos lectores, la vida empieza cuando ya no tienes nada que te ata. Cuando nadie te obliga. Justo ahí, siendo una ignorante atrevida, empiezas a disfrutar y aprender: desde cero, por decisión propia. Sabes, gracias a Wikipedia, que hay cuatro formas de cuajar leche y tú, pequeña despistada, puedes escoger la forma que más te guste.

Anuncios

2 comentarios sobre “Cuajar

  1. Y de repente te das cuenta que aunque graduarse con honores ayuda a conseguir un trabajo, pagar las cuentas y a “ser alguien”, la vida no es sólo eso. La vida es mucho más y entiendes que la universidad no sirve de nada si no tienes las ganas y la convicción con la que ahora quieres cuajar Leche. La vida es un aprendizaje constante, algo completamente caótico a lo que tu das el sentido. Creo que vas por un excelente camino ahora, y pronto lo disfrutarás más. Y aprovecha que tienes esa capacidad increíble para escribir, que yo con mis honores de graduado no llego ni a garrapatear algo tan intenso. Abrazo analoji

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s