Florecer

¿Por qué es tan difícil cuidarle? Sus hojas siguen mirando hacia el suelo, tienen un verde-amarillo triste. No ha vuelto a florecer desde hace un par de meses. Cuando recién llegó a mi cuarto, la mañana de San Valentín, tenía unas flores rosadas en forma de u, con pétalos fuertes y sanos. Fue el orgullo de mi escritorio. Pero ahora parece que está tan aburrida que nada logra devolverle su verdadero color.

Las primeros días brillaba. Hasta que un día comenzó a caerse de a poco. Los tallos, entre verde oliva y blanco suave, perdieron fuerza. Le moví a una mesa a la que le llegaba bastante sol. Las hojas se hicieron amarillas. Le llevé a un puesto de la cocina alejada del sol. Tampoco. Le transplantamos. Le pusimos cáscaras de huevo. Volví a moverle. Le regamos únicamente con agua de lluvia. Nada. No quiere florecer.

Sigue viva, pero no florece. ¿Será que está brava?

Ahora le pido que crezca conmigo. Que nos levantemos juntas. Le digo que es más linda cuando está florecida.

Hoy, en la oficina de La República, le conté a mi editor que tengo una flor que no quiere florecer. Me contestó que las flores son como las personas. Que si yo no florezco, ella tampoco va a florecer.

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