¿Volver?

Pero, ¿cómo? ¿Sobre qué? ¿Sobre mí? Ya no. Quiero salir de mí. Mirar más allá del pupo, más allá de mi zona de comodidad. ¿Qué es esto? Este blog, esta idea de contarlo todo.

Han pasado cuatro años, estoy a un semestre de graduarme de periodismo pero tal vez no quiero seguir este camino. Lo único que tengo claro es que quiero seguir moviéndome hacia lugares diferentes y nuevos, que eventualmente me devuelvan a Ecuador. Volver a Pintag, a Bahía, al Parque Metropolitano de mi infancia y el Valle de Los Chillos de la adolescencia.

Volver, claro, significa que quiero ir y venir. Distanciarme e ilusionarme al reencontrarme con esos lugares que tienen tantos recuerdos como cambios mínimos que solo los reconoces al ausentarte.

Ya no quiero escaparme, dejar todo atrás y pensar únicamente en lo que puede venir. No. Ya lo hice. Ya aprendí y disfruté en una -casi- absoluta soledad. Sé lo desesperante que puede llegar a ser llorar a diario para luego respirar hondo y decir basta. Aprendí que la cocina puede llegar a ser mi enemiga si no hay alguien que me ayude a cerrarla. Conocí algo parecido a la verdadera libertad que regala el desapego. Escapar, sí, pero sobretodo aceptar que soy solitaria y no puedo tratar de ser alguien más.

Ya. Ya. Ya.

Dentro de la misma cama donde soñé en irme, respiré hondo y repetí el mismo basta. Soy de aquí. De Quito, de mi familia, de éste escritorio gigantesco y desordenado, de mi suerte de biblioteca que crece cada mes, de la misa del domingo, de descubrir un amor que no creía posible, de leer y caminar, de poner en blanco la mente mientras nado… de esto. De lo que me rodea. De lo que me frustra y asusta. De los fantasmas y dolores del cuerpo. De las lágrimas que aprendí a bloquear cuando no tenía a quien abrazar.

Ya no quiero irme. Quiero darle la vuelta al mundo, pero volver, siempre volver.

Entonces, ¿de qué escribo? ¿Cómo hago para mirar a los otros sin juzgarles desde una posición tan egocéntrica?

Escribe sobre los demás, me respondió mi tío Alfre cuando le conté que estaba dudando sobre seguir narrando en primera persona. No supe qué contestarle.

O sea, ¿tomar cierta distancia de lo que me complementa, de lo que asumo que soy? Conozco perfectamente la respuesta. Lo que no entiendo es por qué me cuesta tanto dar ese, el siguiente, paso. Dejar. Dejarme. Soltar. Soltarme. Hacer. Hacer, sin escapar.

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