Comienzo, sigo y acabo

Podría comenzar con que he descubierto que los verbos, y las acciones en consecuencia, se conjugan de acuerdo a la persona, el personaje, que protagoniza esa escena. Una noche medio estrellada, medio nublada, en la cima del Ilaló, por ejemplo, sentados sobre la estructura de cemento de una cruz que parece un poco olvidada, sentía todo y al mismo tiempo no sentía nada. Mi vida, de repente, comenzó a girar en torno a otra persona. Me muevo de acuerdo a esas nuevas sensaciones que todavía no sé bien cómo definir, pero me han paralizado por dentro.

Seguir, entonces, con que no sé hacia dónde voy. De un año para otro, cuando me miro al espejo ya no soy la misma persona. ¿Quién soy entonces? ¿Cómo puede ser que he cambiado tanto, si lo que me rodea se mantiene relativamente igual? ¿Por qué ya no quiero ser esa mujer que decidió estudiar periodismo? ¿Qué pasó, que ya no me interesa ser periodista?

Terminar, por fin, diciendo que hoy tomé las últimas dos clases de la carrera universitaria. Dos, más la tesis. Punto. Quiero contar tanto más, pero no sé cómo.

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