Los largos brazos de su opinión

¿Realmente quién está detrás de la pantalla? ¿Quién es el articulista, el columnista, el bloguero, el escritor que expone sus opiniones y las publica? El que parecería que no teme que los demás le conozcan únicamente por el ritmo que las palabras toman con el tiembre de cada lector, o la voz que suena dentro de su cabeza mientras lee para sí mismo.

¿Quién es, cómo es, qué siente realmente? Dejando de lado la cara pública, la facha pública, la faceta pública de comentar sobre los asuntos políticos y controversiales, ¿qué es lo que retumba por dentro cuando cierra los ojos y apaga la luz? ¿Qué le mantiene despierto? ¿Será, tal vez, que logra conciliar el sueño solo cuando acepta que su vida, su vida real, no suena tan bonita como las palabras rimbombantes que le gusta usar? O, ¿tal vez suena mejor, solo que en este caso no logra completar una oración sin frustrarse al dejar de lado sentimientos que ni él llega a comprender?

¿Qué lo hace llorar, qué lo hace reír? ¿Cómo se ve cuando sonríe, qué piensa al ver su reflejo al levantar la vista y mirar sus ojos en un espejo?

Yo conozco la historia de uno de estos columnitas, opinador leído y releído por muchos, retuiteado y escogido como lectura recomendada para los tiempos incomprensibles en los que vive el país.

Yo sé su historia, porque me la contó en el segundo piso de un restaurante en New York. La narró en una mesa blanca, con las gradas a la izquierda y desconocidos al rededor. En medio de cervezas, sánduches y palabras atropelladas, me reveló a qué le tiene miedo.

Conversamos tan largo que las mesas comenzaban a vaciarse. Cuando salimos creo que empezaba a llover, pero igual fumamos mientras caminábamos por las calles llenas de gente e ideas. Seguía representando su historia por medio de sonidos y movimientos del cuerpo. Por medio de chistes y a veces palabras llenas de melancolía.

Me confesaba que su historia es el resultado de otras historias de ficción y no ficción. Su historia como quisiera que sea pero no es, su historia como es y le gustaría que se mantenga. Su historia desde el punto de vista de un narrador, de un personaje y de un manejo del tiempo y de la trama al mismo tiempo. Su historia a través de las redes del amor y el desamor. Su historia, la historia que sus ávidos lectores no conocen.

Y esta misma tarde que mis papás leían su última publicación sobre el Presidente, yo pensaba en que hay tanto que no sabemos de la persona que está detrás de esas palabras. ¿Los lectores le seguirían con la misma admiración después de conocer un poco más de lo que realmente quiere de la vida? ¿Confiarían en sus palabras, recomendarían leer sus opiniones si supieran que es un romántico empedernido, un fumador social, un tanto prepotente, un lector intenso, y que en la mayoría de los cuentos inéditos que ha escrito hay una escena donde desnuda una parte de su alma cuando describe cómo es para él la pasión?

¿Le seguirían, le admirarían, le leerían, le citarían si supieran más de él? Sí. Porque él es lo que escribe. Él está en cada palabra que escribe. Está en cada rincón al que llegan los largos brazos de su opinión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s