Si los marcianos….

“Si los marcianos estuvieran a punto de invadir la Tierra y podrías dejar solo cinco cosas en una caja que cuenten tu historia, ¿qué dejarías?”, le pregunté a mi Mami el viernes en la tarde cuando salíamos de un centro comercial. Ésa pregunta no le pareció tan chévere como la de qué escogería si estuviera en la cárcel y esa noche tendría una última cena. La respuesta cambia de acuerdo a la hora y el estado de ánimo. A veces prefiere una ensalada y otras spaghetti.

Lastimosamente la idea de discutir posibilidades por si llegan los marcianos le pareció un poco tonta. Ante mi insistencia, antes de pasar el redondel para subir hacia Lumbisí quiso saber si podía guardar emociones o parte de su personalidad, antes de cosas materiales.

Por eso cuando dijo que dejaría su alegría y la increíble capacidad para aceptar todo lo que la vida le presenta con la facilidad de no hacerse problema por cuestiones innecesarias, me reí. Yo esperaba que los objetos escogidos tendrían relación con, por ejemplo, su anillo de matrimonio, que simboliza el amor y los años de vida con mi papá, o cosas de ese estilo que “cuenten su historia” de la manera que yo tenía en mente. Pero quien cuenta su historia escoge el modo de hacerlo.

Mi Mamá no cree que los marcianos aprenderían de su generación por medio de cosas que para ella tuvieron valor, porque solo lo adquirieron mientras los usaba y disfrutaba. Como el anillo, o como su pijama favorita.

El Andrés, en cambio, dejaría fotos. Cree que así aprenderían algo de él. Las imágenes, en su caso, son la realidad. Para él, cómo se ve sí significa quién es: la posición, el escenario y la compañía forma parte de su historia. De su legado. De su vida.

Yo dejaría los cuadernos que he llenado a lo largo de los años. Nada busca más definir quién soy que las palabras que riego en los espacios que trato de llenar. Lugares inhabitables como este blog, o el diario a quien le cuento eso que no le digo a nadie más.

Si los marcianos estuvieran a punto de invadir la Tierra, encontrarían que hay tantas historias que no tiene sentido dejar que la vida pase sin contarlas.

Los marcianos, tal vez, no son seres extraterrestres. Sino personas como yo a quienes nos obsesiona tratar de entender a los demás. Que queremos encontrar esos detalles que se esconden en conversaciones que parecen tontas: como por qué mi mamá prefiere que los demás la recuerden como un ser lleno de felicidad, antes que por los objetos que la acompañaron en el camino.

Las respuestas cambian de acuerdo a la hora y al estado de ánimo, porque cada día es una nueva oportunidad para seguir elaborando, maquinando, cosiendo la memoria de qué fuimos y quién somos.

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