Dividida

Sentada en un sofá color crema con almohadones café, me desespera lo lentro que pasa el tiempo en Quito. La gente camina más despacio, las reuniones son más largas y los momentos para estar sola, completamente sola, son casi inexistentes.

El S1 del Paseo San Francisco es un no lugar. O sea, un espacio de transición entre ser y estar. La sala común de las oficinas del Instituto de Lenguas Extranjeras de la Universidad San Francisco de Quito no goza de una paleta de color muy diversa. Sobre las paredes -que seguramente no han pintado desde que inauguraron el centro comercia hace cerca de dos años-, están colgados cuadros de paisajes andinos; el Cotopaxi a lo lejos, un río que divide en dos un bosque donde la luz del sol comienza a superar la oscuridad, el humo, ceniza y fuego que sale del volcán Tungurahua en plena erupción, son algunas de las imágenes retratadas.

Además del verde en los paisajes, sobre las mesas de madera hay adornos de flores que comienzan a marchitarse. El suelo, los sillones y el techo son una mezcla de diferentes tonos de crema.

A lo lejos, más allá de las gradas y las lámaparas colgantes, por las puertas de vidrio entra el sonido de canciones para niños. Melodías pegajosas y bailables que salen de parlantes invisibles, se mezcla con la música infantil que bien podría ser como la del carrusel de una feria de pueblo.

Sigo sentada y no ha pasado nada relevante. Un par de personas caminaron de un lugar a otro, conversaron entre ellas y siguieron, pero nadie realmente cambió el ritmo que funciona este espacio. Porque es un no lugar, un sitio que pasa desapercibido. Los sillones todavía huelen a nuevo y los paseantes no se fijan en la línea negra, que hace de mancha olvidada en la pared de la derecha.

El tiempo pasa lento, a pesar de que mi corazón todavía golpea más veces de las que debería por culpa de la altura. Llevo cerca de dos semanas y media en la ciudad donde nací y crecí. Y aunque conozco todo -o casi todo-, me esfuerzo por llenar huecos que no existían antes de irme.

Si llegué a Boston por partes, y me demoré un mes en sentirme completa, creo que está sucediendo lo mismo desde que dejé esa ciudad. Porque todavía me siento dividida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s