Renovar

Siento tanta felicidad y tanta nostalgia, al mismo tiempo.

Hoy, por ejemplo, me desperté tempranísimo cuando mi papá se despidió antes de ir a trabajar. Me levanté y caminé hacia la cama de mi mamá, donde me acosté con ella a ver el programa de María Josefa Coronel. Mi hermano subió a buscar una camisa y después los tres desayunamos café con leche y tostadas.

Durante la subida al norte de Quito, me sorprendió lo increíblemente verde que es esta ciudad. Montañas, árboles, césped por todo lado. Y sol. Y calor.

Al caminar por la calle la gente dice buenos días. En la tienda los veinte limones valen solo un dólar y el cigarrillo de cuarenta centavos se prende con un encendedor de marca Bic que cuelga de un cordón. Hay como comprar una Club verde personal por un dólar con treinta centavos y la leche en funda de plástico con otros setenta.

Claro que yo ya sabía todo eso, solo que antes no notaba esos detalles.

Después de conocer la fase final de la carretera Ruta Viva y llegar a mi casa rapidísimo, quise saber qué más había cambiado desde el pasado agosto. Mi mamá se rió y me contestó que no mucho, tomando en cuenta que solo me fui nueve meses. Con esa idea terminé el locro de papas, el jugo de mora y el atún que pedí especialmente para el almuerzo.

Solo me fui por nueve meses, pero siento que duró mucho más que eso. Como una vida entera. Porque en Boston fui alguien que aquí todavía no logro descifrar quién era. Fui solitaria y feliz al mismo tiempo. Me dediqué a leer y a escribir. Fui libre.

Pensé que volver significaría revivir sentimientos. No. La sensación de pertenencia es la única que nunca dejó mi cuerpo. Soy de aquí. Del desorden, del tráfico, de las montañas a lo lejos, de los puentes que unen quebradas, del sonido que arrastrar la r en las palabras genera, de la historia de la secretaria que se olvida en su casa la agenda donde anotó las citas en el doctor de mi abuela, de los titulares llenos de pasión futbolísitica, de que llueve en la tarde después del sol de la mañana.

Y a pesar de que me gusta ser quiteña, extraño Boston.

Pero creo que necesitaba volver. Solo necesito renovar mi lugar en ésta ciudad.

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