Estado actual

Segundos después de que un chico guapo me regresó a ver el martes pasado, estaba en el suelo de la biblioteca recogiendo la botella que en su trayecto de bajada me empapó la pierna derecha y dejó un pequeño charco sobre la alfombra roja y café. Entonces me saqué los audífonos, regresé a ver a todo lado pero nadie pareció notar que yo corrí al baño para coger papel y tratar de secar el suelo. Como si moverme me ayudaría para no sentirme tan tonta. Obviamente las toallas de papel no sirvieron, así que llené la botella por segunda vez en menos de dos minutos.

Al volver a mi puesto donde dejé mis cuadernos a lado de una computadora, traté de aguantar la risa mientras volví a ponerme los audífonos en los oídos y descubrí que la música no había parado. Porque mis emociones no retrasan mi vida, ni por una mirada furtiva ni por el hecho de que a veces me siento ignorada en esta ciudad donde parecería que todo pasa desapercibido si no es una actividad en grupo.

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