Sobre la adolescencia

Yo sentí que mi adolescencia y mi paso por la secundaria fue espantoso. Creía que todo lo había hecho mal. Que me había enamorado de quien no debía, que era amiga de quien sí debía pero no le supe apreciar en su momento, que no fui lo suficiente aplicada con las materias que sí me interesaban, que no había cumplido los sueños que tenía por miedo a ser rechazada y así, y así. Pensaba que mi experiencia era tan mala porque había tenido mala suerte, que fue mejorando al crecer y entrar a la universidad.

Al poco tiempo de llegar a Boston, descubrí que si no hubiese sido por esos años adolescentes en que sentía que nada tenía sentido, entonces no hubiera podido disfrutar tanto de lo que empezaba a abrirse como una mariposa. Así fue como comencé a agradecer, poco a poco, de haber odiado mi colegio tanto como lo odiaba, porque gracias a eso descubrí qué no me gusta. Y como tenía muy claro para qué no era buena, el camino se agilitó un poco al tratar de buscar eso en lo que sí soy. Como dijo Facundo Cabral, no estaba deprimida, estaba distraída.

Al ver como Lindsay Wier se escapa en el Hippie Bus en el último capítulo de Freaks and Geeks, me quedé pensando en que mi experiencia en la secundaria no fue tan mala. Yo también tuve mis etapas, como cuando trataba desesperadamente que me guste Ska-p para impresionar a mis amigos. O cuando quería entender cuál es la mejor manera para coquetear, al ver a mis amigas a lo lejos bailando mientras yo prefería desaparecer antes que estar en esa fiesta. Leí El Túnel y pretendí entenderlo, cuando en realidad me quedaba pasadas las doce de la noche soñando en que alguien parecido a Edward Cullen aparecería en mi vida. Entre vampiros y diarios de princesas, crecí mientras escribía poemas a los amores que creía serían de por vida. Esperaba que esos dibujos en los que aparecía salten a la vida real, logrando dar vida a alguien que dedicaba algún poema de Benedetti (seguramente Corazón coraza) y no terminaba mintiendo en el anuario. Al final no mentí, pero sí exageré. Al final me alegré de que los años de colegio terminen y de no tener que ver a la misma gente todos los días. Pero sobretodo no podía creer que desde esa última noche en adelante, no debía utilizar un uniforme nunca más. No iba a ser una más del montón.

Y, oh sorpresa, sí soy. Soy una desconocida la mayor parte del tiempo. Como los hermanos Wier, estoy tratando de definir quién soy.

Mi parte favorita de la corta serie es en el primer episodio, cuando Mr. Rosso, el consejo de los estudiantes, le dice a Lindsay: “If the worst thing in your life is somebody makes you go to a dance, then I’d say you have a pretty good life.” 

Y yo tuve una buena adolescencia en general. Por supuesto que no la repetiría, porque ¿quién lo haría?

~La serie completa está en Netflix, y pueden encontrar unas buenas citas de Mr. Rosso aquí.

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