Notas en clase

Con la línea recta jalada hacia la izquierda de la cabeza, el diseño de su peinado me recuerda enseguida a alguna instructora de película, que se encarga de mantener en regla a un grupo de adolescentes que van a un colegio privado. Los lentes grandes, cuadrados y de montura café, los labios rosados y la papada blanca, se juntan con el saco gris-azulado y las solapas de la blusa celeste que hace que la vea dentro de una situación totalmente lejana a la clase de la que ambas participamos. Me la imagino caminando por un pasillo oscuro con puertas cerradas, sus tacones suenan mientras sigue en línea recta. Me siento un poco asfixiada. Parecería que no circula el viento porque la única ventana, al fondo del corredor, está cerrada…

Hasta que sus ojos café se encuentran con los míos en medio de mi ensimismamiento. Y tratando de pasar desapercibida, me fijo en la chica que está sentada a lado mío. Cada vez que habla en alto su cara redonda se enrojece como si estuviera corriendo una maratón en vez de hacer públicos sus comentarios. Las orejas con varios aretes en todo lado menos en los lóbulos más cercanos a los cachetes con vellos delgados y rubios, se enrojecen cuando es el centro de las miradas de esta mesa rectangular de veinteañeros debatiendo sobre el presente y el futuro del periodismo en Estados Unidos.

Al frente mío está Rebecca, graduada de una universidad de Vermont. El primer día se presentó como una apasionada del periodismo, específicamente de la radio que es su especialización en la maestría. Hoy tiene un pantalón negro y sobre la camiseta, un chaleco de jean. Mueve las manos cuando habla y se toca el pelo cada tanto. Lo desordena, se rasca el cráneo y esconde mechones detrás de las orejas. Sonríe tanto como comenta. Cuenta anécdotas de su trabajo, mientras se restriega los ojos, dejando corrido el maquillaje por debajo de las pestañas.

El profesor que lleva la conversación es Ta-Nehisi Coates. Él es un reconocido escritor y periodista de una de las revistas americanas más prestigiosas del mundo. Escucharlo hablar es aún más interesante que leer lo que escribe. Su barba negra ya tiene rastros de canas. A veces habla de su hijo, otras de su esposa. Si lo vería en un bus no caería en cuenta que es un corresponsal de The Atlantic. Parece alguien normal. Pero es una de esas personas que intimidan y generan una impresión enseguida. Yo lo admiro, tanto por lo que dice como por lo bien que escribe (un gran ejemplo aquí)

Acaba de llegar una fotógrafa, que al pedir perdón por interrumpir dijo que trataría de ser una giant fly on the wall. De repente, el profesor se puso vaselina en los labios y aceptó que ése es su gran secreto: es muy, muy vanidoso. Ella, con su Nikon gigante, camina por la clase enfocando hacia donde está el profesor. Él a veces posa, pero mantiene el tono de siempre. Conversa, pregunta, se ríe, claramente disfrutando de ser la voz que lidera el debate.

Dice que al escribir no trata de convencer a nadie de nada. Quiere mostrar, tratando así de entender de dónde viene. La curiosidad que el escritor traslada al lector es, al final del día, personal. Por eso escribe sobre raza y temas de discriminación, para tratar de cristalizar lo que es tanto como lo que no es.

El chico guapo del grupo faltó hoy. Pero el segundo chico guapo del grupo está sentado a dos puestos de distancia. Tiene los ojos tan azules como su chompa de invierno. Hace comentarios inteligentes y parece que le gusta contradecir todo lo que la chica del arete en la nariz y las manos que se enrojecen tanto como los cachetes, dice. Cuando sonríe, su dentadura blanca y brillante sobresale entre los demás. Es el tipo de chico que he visto toda mi vida en las películas universitarias hollywoodenses: lindo pelo, comentarios inteligentes, y en general buena combinación entre inteligencia y apariencia.

En fin, termina la clase ya. Cada quien guarda lo suyo. Los demás se van por lo general sin decir adiós. En una semana les volveré a ver. Esta semana seguramente no pensaré más en ellos. Cada quien tiene su propia vida, lejos de la mía. Ellos tampoco deben pensar en mí. Aquí cada quien hace lo que quiere con su vida. Soy una más del montón. Del montón de gente que sale de la clase pensando en una variedad de cosas. La diferencia es que yo lo hago en español.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s