Nos une

Ayer nos sentamos a la mesa a comer y hablamos sobre nosotros, riéndonos al encontrar pequeños detalles que nos unen, a pesar de las diferencias individuales.

Les conté que cuando le dije a mi amiga Emi que tenía que moverme a mi nuevo departamento, me respondió sorprendida que cada día estoy más americanizada. Porque moverme, as in move, es un verbo que no queda en esa oración. Me mudé, más bien. Los demás rieron. Eso les pasa a diario, desde que viven en un país con diferente idioma.

Estábamos Esteban, Tere, Vero y, Jorge y Karina, la pareja de amigos ecuatorianos que viven en Portland desde hace catorce años.

Ellos, en cambio, contaron que les costó al menos cinco años sentir que su casa, su home, es en Estados Unidos y no en Ecuador. Hoy tienen dos hijos a quienes hablan en español. Pero cuando el mayor juega con su amigo Toño, hijo de Vero y TJ, lo hace en inglés. Ambos saben dos idiomas, pero el que nosotros definimos como extranjero, para ellos es más fácil usarlo para comunicarse. No tienen acento en inglés ni en español, solo cuando usan la r.

Durante la sobremesa de fondo sonaba una playlist que Vero nombró como “Fiesta” y tiene una variedad de cumbias, merengue y música tropical. Mientras comíamos mote, encebollado y remolacha, y agua con gas, el español reinaba entre un grupo de quiteños que la vida se encargó de unir una noche que podría pasar desapercibida. En esta ciudad extraña pero hermosa, en el geográficamente diverso Oregon.

Vero y TJ nos han acogido en su casa como si nos conocieran desde hace años. La relación nace porque Tere es amiga de su sobrina. A pesar de que los conocimos hace menos de cinco días, siento que sí somos parientes. En este casi no es sangre o recuerdos temporales, lo que nos une es haber nacido y crecido en la misma ciudad, que hoy está tan lejana como la infancia.

Nos une añorar la Güitig, las guabas, el ceviche, ver el Cotopaxi desde la carretera y hasta el río Napo. Nos une gente que conocemos en común, que no tienen cara específica pero sí representan esa idiosincracia que hacemos nuestra: desde los políticos hasta las típicas bandas musicales de Cayambe. Nos une el acento quiteño, que algunos dicen que no existe pero eso mismo le hace especial, y el spanglish que decora cada conversación.

Entonces, ¿qué nos une? No encuentro una palabra, pero es un balance entre lo individual y la cultura adquirida. Nos une el bagaje tradicional con el que enfrentamos la vida. Que nos lleva a responder “quesf”, cuando algo no está muy claro.

Estmos aquí, en el último día del año luchando contra el frío y el anhelo de quienes no están. Hay gente que se olvida o hace lo posible por olvidarse de dónde viene. Pero yo no puedo ni quiero. Estoy aquí gracias a lo que soy y soy gracias al lugar de donde vengo, de la gente que me rodea a pesar de no estar físicamente presente.

Ser y estar, eso he aprendido en el 2014. Lo que me une a los demás es esa palabra que no encuentro, pero tiene tantos significados. Este rato tiene un tinte muy cercano a la felicidad y a la complicidad.

Anuncios

2 comentarios sobre “Nos une

  1. Me gusta mucho porque tienes la facilidad de expresar sentimientos profundos, escondidos que muchos tienen y pocos pueden sacar. Dentro de poco espero la gran novela de analoji.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s