La felicidad, talvez, es bailar

A veces siento que estar aquí es un chiste, un buen chiste. Mitad cierto, mitad mentira.

Hoy el director usa un terno negro. Mueve su cuerpo por todo lado. Lo que más sobresale son sus manos, sus brazos realmente, que van de un lado a otro; la ropa de los músicos de la orquesta tampoco tiene color. Lo que realmente importa es la música. Eso que sale de sus instrumentos y llega a los oídos de quienes estamos aquí, del otro lado. Somos los otros.

Por alguna razón a la felicidad yo me la imagino como un paso de baile, que da vueltas por todo el salón, moviendo los pies, los brazos y las piernas. La cabeza debe estar alineada con la de alguien más. Lo importante es ir juntos al ritmo de la música que nos envuelve y nos hace uno. Juntos, sin que eso signifique que uno le lleva a otro. No. Los dos vamos hacia la misma dirección, que está por todos lados, que no va en línea recta sino que se desplaza en varios sentidos, en varios sentidos cardinales también; a la felicidad la siento como un viento que pasa por debajo de mi vestido al bailar, como el aire que no permite que nos ahoguemos y el ritmo que nos transporta haciéndonos dueños de cada pisada.

Cuando cierro los ojos y pienso en el momento más feliz de mi vida, veo dos cuerpos entrelazados, cuatro piernas que mantienen un mismo ritmo, y dos cabezas que no se pierden a pesar de que no son las encargadas de determinar los movimientos. Porque cada uno de ellos se los lleva en la sangre, logrando así sincronizar emociones y sensaciones.

La felicidad es bailar física y emocionalmente. Disfrutar del olor de la otra persona, de sus movimientos de cadera. Hacer tuya la esperanza de que ese momento no acabe nunca, porque solo así es posible sentir realmente qué es el amor; la veo como una ilusión lejana, no pasajera, durante un baile con la música perfecta, la música escogida justo para ese momento.

Yo no sé qué es la felicidad, pero en mi cabeza se parece mucho a eso que se genera al bailar con alguien más. Bailar con los pies, pero también con todos los sentidos. Bailar, como ahora baila el director de orquesta, como bailan las notas que flotan alrededor mío.

Esto escribí durante un concierto de la Boston Symphony Orchestra (uno de mis momentos favoritos de cada semana).

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