El clima

Y cuando hablamos del clima, podemos ponernos más sentimentales de lo normal. Por eso, esta entrada va para mi gran amigo Miguel Molina Díaz.

Para mi clase favorita, nos pidieron que escribiéramos un texto sobre el clima, siguiendo el estilo de Hemingway; el mío comenzaba citando una pregunta que aquí sorprende a todo el que me escucha: “¿nunca has visto nieve?”. “La he visto de lejos, sobre la variedad de volcanes que tenemos en Ecuador. Pero tocarla, nunca”, respondo cada vez; en la clase siguiente, la profesora les contó a mis compañeros mi ignorancia en relación al clima de invierno. Les pidió que cada uno escribiera un breve texto sobre qué se siente vivir en una ciudad donde nieva de diciembre a marzo, de manera inmisericorde. Por los siguientes cuarenta minutos, todos se zambullieron en sus recuerdos, para ayudarme a entender un poco más qué me espera en los próximos meses. Por mi lado, también tenía que escribir algo.

Cada uno leyó lo suyo, y con cada nueva voz me sorprendía del talento de mis compañeros para escribir sobre algo que podría parecer tan simple como la nieve. Uno de ellos, por ejemplo, creó algo así como un cuento corto lleno de descripciones, aliteraciones y detalles que me encantaría haber entendido mejor. Reconocí de inmediato lo bien que escribe, pero me costó mucho comprender todo lo que leía.

Cuando todos terminaron, fue mi turno. Me puse muy nerviosa. Mi voz temblaba y me costó entender mi propia letra, en medio de tanto tachón. Explicaba que le tenía tanto miedo al frío como en un principio me asustaba hablar solo en inglés. Al terminar, mi profesora me dijo que no me preocupe. “We’ll keep you warm”. Y me sonrió. Después, mi compañero me dijo que le parecía que he mejorado mi forma de escribir en inglés. Sentí que ya no hacía tanto frío adentro, como afuera.

Esta mañana me desperté con la sorpresa de un maravilloso mail del Miguel. Al puro estilo de Hemingway, describió sus emociones como si fuera un día de invierno, donde parecería que el frío llega a todos lados, menos a su corazón.

El amor es tan parecido a este clima. Algo que de algún modo limpia la mugre de las hojas de los arboles y de las calles de esta ciudad. Algo que como ésta neblina te nubla la vista y te llama a refugiarte en la idea de un hogar. La idea del hogar siempre es una persona. Pero a veces tocas la puerta del hogar equivocado.

Así, cada cambio en la temperatura significa un nuevo comienzo. Como el río que se mueve de manera unidireccional hasta que se congela, el viento que sopla en diferentes direcciones y no le importa lograr que las nubes escondan al tímido sol que casi no calienta. Como caminar bajo la lluvia sin estar segura de qué hay más allá, porque utilizas el paraguas como escudo. Y mirar por la ventana, para descubrir cuan grande es el mundo. Siempre hay algo nuevo en el cielo, no importa si es de día o está empezando a anochecer. Todos tenemos días lluviosos, tal y como sucede a través de la ventana.

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