Hoy

¡Hola, octubre! Te saludo más perdida que en agosto y más o menos igual que en septiembre. Hace un mes mis Papás me dejaron en este mismo cuarto, con la misma luz de este rato y con los sentimientos más encontrados que hoy.

Sonrío al pensar que ya puedo hablar de un antes y un después: esa noche no entendía nada porque el día seguiente se presentaba absolutamente nuevo. Hoy, a la 1:14 am, todavía sigo sin entender, pero al menos ya no soy tan ignorante.

Esa noche hablé hasta por los codos. Estoy segura que Daphne no me entendió nada pero yo necesitaba expresarme, sacar tantas emociones que tenía dentro y me esforcé por esconder/filtrar durante la semana que pasé con mis Papás conociendo Boston.

Hoy ya puedo escribir del ayer. Ayer estaba aterrada del hoy. Resulta que un mes después, todavía quedan ocho más por cumplir.

Hay días que quisiera atrasarlo todo. Parpadear y encontrarme con la puerta negra de mi casa. Timbrar, decir “yo” y seguir. Saludar en voz alta, morirme de las iras al no recibir respuesta y dejar la maleta sobre la primera grada. Entrar a la cocina, abrir la refrigeradora y cerrarla detrás de mí. Llenar un vaso con agua, vaciarlo en pocos segundos, ponerlo alado del filtro y cruzar la puerta por la que un par de minutos antes pasé. Recoger mis cosas, saltar de escalón a escalón, ver mi cara entre varias de las fotos estudiantiles, tomar a la izquierda y volver a saludar. Decir “¡como has adelantado con el rompecabezas, Ma!”, darle un beso en la mejilla y finalmente entrar a mi cuarto. Sacarme los zapatos, dejar la maleta y los libros en el suelo, el saco sobre la silla y recordarme por segunda vez en el día de arreglar mi escritorio. Caminar pocos pasos, acostarme en el edredón blanco, revisar mi celular, sonreír al ver el mensaje esperado y, finalmente, dejar que mi mente vuele junto a sus pensamientos. Un suspiro largo y profundo al saberme viva, me dice que este es mi lugar; entonces pienso en viajar, en qué me espera. En Boston y la vida en el extranjero.

Vuelvo a parpadear y me encuentro con la mujer de hoy. Dos meses después llevo la misma pijama, pero las sábanas no son mías.

Hoy ya no es ayer. Tampoco es mañana. Hoy es hoy, y ese es el enigma que trato de descifrar cada mañana, cuando abro los ojos y parpadeo.

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