Contar, contar, contar…

“Ni en Singapur, y peor aquí, yo hubiera contado eso”, me dijo Daphne cuando salimos del estadio. Me preguntó qué tanto había conversado con el chico de a lado durante todo el partido. “About love”, le respondí. Sobre el desamor. Y qué hacer cuando parece que no existe nada más que el pasado; traté de explicarle lo mejor posible por qué los latinos sentimos esta necesidad de mostrar nuestros sentimientos y compartirlos con los demás. Por esa razón, le decía, nuestra música es tan trascendental para nosotros: porque nos dice que no somos los únicos, que a otros también les ha pasado lo mismo y todos, al final, tienen algo que contar sobre su experiencia.

Douglas llegó de Honduras hace ocho años. Actualmente trabaja en un hospital siquiátrico. Hace cuatro meses terminó con su novia de siete años. La anterior semana casi pierde definitivamente el trabajo, cuando le dieron la última advertencia: que pena que perdiste al amor de tu vida pero aquí se viene a trabajar, no a llorar; cada día es una nueva batalla, contra sí mismo, el pasado y el presente.

Con la sabiduría de sus veite y ocho años, la experiencia que el tiempo le ha dado, me dijo que lo más importante es descubrir que la vida sigue.

Mientras el amor era nuestro tema de conversación, los Red Sox perdían ante los Yankees. Entre anécdota, Douglas me explicaba ciertas reglas que yo no aprendí bien antes de llegar al estadio Fenway Park. Yo, a su vez, las traducía a Daphne que creo que me creía a medias, porque cuando terminaba de hablar, hacía ‘double check’ con Wikipedia.

Para cuando terminó el partido de casi tres horas, ya habíamos llegado a la conclusión de que no existe una sola respuesta para todas las preguntas que el desamor genera.

Me tomó una foto con Daphne, nos despedimos y desapareció entre el gentío con su amigo de Nicaragua.

Daphne se reía al decirme que no podía entender cómo el béisbol unió a un par de latinos a hablar sobre el amor. Me dijo que en Asia son mucho más cerrados, sobretodo con temas tan personales. Pero yo estaba muy contenta, porque había encontrado las palabras precisas en un lugar poco esperado, sobre un tema que ronda por mi cabeza más de lo que me gustaría aceptar.

Entonces entendí que no se trata del desamor, sino de las experiencias que el amor genera. Este sentimiento nos une con los demás, en lugares tan genéricos como un estadio repleto, un viernes en la noche, en una ciudad tan grande como Boston.

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