“Viajar en tren es lo mejor…

… tirar del cordel, para parar el tren”.

Así canta mi mamá cada vez que se sube a un tren. No importa si es uno turístico o un metro, esa canción es una de sus favoritas. Trata de que suene como si fuera una americana tratando de hablar en español. Básicamente es lo mismo que ahora hago yo: una ecuatoriana queriendo expresarse en inglés.

Hoy llegué especialmente alegre a mi clase de fotoperiodismo. Sin contar con que tomé una ruta que no debía y me tocó volver sobre mis pasos para encontrar el aula, caminé escuchando una playlist de salsa. Me tomé todo con calma, porque quería que ese ritmo latino entre en mi cuerpo y se adueñe de mí. Marché por toda la Commonwealth Avenue que pasa por Boston University de norte a sur y de sur a norte tamborileando los dedos sobre mis muslos al ritmo de ese tipo de música que me hace sentir más cercana al lugar de donde vengo.

Ando de un lado para el otro, dejando un poco de mí en todo lo que hago y una parte se queda con cada persona que se interesa en mi vida como una extranjera. Comparto waffles y papas fritas con mis amigas singapurenses, entrando en el juego de “that is SO american, but let’s try it” para creernos un poco más en casa.

Fue un buen día en general. Logré hacer un chiste en inglés (que según mi amigo Esteban es el primer paso para saber que el idioma empieza a fluir dentro de ti), mis compañeros y el profesor se riéron. Utilicé las manos y todo mi cuerpo para contarlo, porque para mí el lenguaje corporal es una extensión más de quien soy.

Subo y bajo, mis emociones revientan mis sentidos y se adueñan de mi estado de ánimo. Pero si soy absolutamente sincera, antes de dormir le agradezco a Dios con todo mi corazón por esta maravillosa oportunidad. Cada nuevo despertar me recuerda que esto sí está pasando, estoy en la universidad que siempre soñé.

Todos viajamos en el mismo tren, no importa el acento con que cantes la canción que habla de tu propia historia.

St. Paul Steet, la calle por la que paso todos los días para llegar a mi cuarto en el hotel.
St. Paul Steet, la calle por la que paso todos los días para llegar a mi cuarto en el hotel.
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