El primer no

Ayer fue una de las noches más frustrantes de mi vida.

Salí de mi cuarto con la ilusión de comprarme unos nuevos zapatos de fútbol para entrar al equipo de la universidad. Me probé un par de modelos y finalmente me decidí por unos Nike verdes que en teoría son para hombre pero no había otros de mi talla. Busqué unas buenas canilleras y medias blancas que pedían para las pruebas de esa noche.

Llegué a la cancha a las 6, con unos zapatos recién comprados y una facha poco futbolista. Estaba, más que nada, nerviosa. Las entrenadoras, el resto del equipo y la cantidad de chicas que esperábamos ser escogidas, esperamos dentro de un coliseo a que pase la tormenta. Nos pusieron números y nos organizaron en grupos. Cuando dejó de llover, salimos a la mojada cancha con césped sintético; minutos después empezamos a jugar.

Dentro del campo todo salió mal. Mis pies no hicieron lo que mi futbolista interna le pedía, las demás jugadoras me ignoraron todo el tiempo y las pocas veces que toqué la bola no tuvo grandes resultados. Además, tenía muchísimo calor.

Con cada cambio de ejercicio mi frustración crecía. Los pases me salían hacia cualquier lado menos el apropiado, cuando trataba de patear al arco la bola se disparaba hacia la extrema izquierda y totalmente lejos del arco, cuando las entrenadoras explicaban qué debíamos hacer yo no entendía nada y me equivocaba cada vez que era mi turno, y por más de que pedía la bola en mi angustioso inglés, las otras no me regresaban a ver.

Cuando se terminó, traté de salir lo más pronto posible porque mis ojos me advertían que pronto las lágrimas caerían como cascadas. Asi que salí con la fea sensación de no haber mostrado mi nivel. Mi frustración se expresaba en un sin fin de malas palabras que llenaban mi boca y de las que mi mamá no estaría muy orgullosa.

Después me calmé. Me convencí a mí misma que la situación no era la apropiada porque no me sentía muy cómoda ni con el idioma ni el calor. Además pensé que en el caso de que no me escogieran, podía pedir que me dejaran simplemente ir a jugar y quien sabe después tratar de entrar al equipo.

Hace un rato llegó el mail sin mi nombre en la lista. Es mi primer no, pero creo que se puede convertir en un tal vez si me permiten ir dos veces a la semana a jugar con ellas…

Y como dice un gran futbolista, el fútbol es ingrato. A todos nos ha puesto a prueba más de una vez: nos genera preguntas y respuesta en frente de un arco, que no siempre logramos resolver. Tal vez después, quien sabe.

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