Platos sucios

Creo que lo que más me gusta de montar bici es que tengo que impulsarme con las piernas. Es mi propio esfuerzo que permite que siga adelante. La vía sigue hacia varios lugares y si necesitas volver, das la vuelta. Nunca se retrocede. Las llantas se mueven siempre y cuando así lo haga tu cuerpo, por lo tanto el destino es proporcional a la fuerza.

He pensado mucho estas dos semanas sobre mi vida, alrededor de lo que quiero de verdad. Una mañana, mientras subía por alguna calle cerca de mi casa, me di cuenta de que en mis 22 años he hecho muchas cosas. Si bien no he logrado mantenerme en ninguna actividad (fuera de la lectura y la escritura, por supuesto), andar de manera azarosa me ha enseñado algo sobre mí misma: me gusta cambiar y aprender cosas nuevas. Necesito equivocarme, tomar decisiones que tal vez no fueron las mejores (como creer que podía hacer acrobacias en tela), para poder encontrar qué es lo que realmente me apasiona.

Tengo tanto que aprender, cuanto más por compartir que desde ese día me siento tranquila conmigo misma. Sé que he sido muy inconstante, pero nunca he dejado de pensar en mí, en lo que quiero. O sea, inconstante con las actividades, pero nunca conmigo misma.

Este rato, frente a la computadora siento que mi vida es como un símil de lavar platos. Después de limpiar toda la suciedad, te da ganas de hacerte un sánduche entonces ensucias lo que ya se estaba secando.

Platos sucios analojienlamadrugada

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