Desde mi escondite

Aquí, sentada en mi silla con las manos en el teclado pero la cabeza en algún otro lado, quiero escribir sobre lo que no tengo.

La magia con la que me despertaba todos los días, ahora está perdida entre algún sueño que pasó desapercibido. Por eso ahora me pesan los párpados antes de despertarme del todo. Sé que ya terminó mi hora de dormir, pero mis ojos no quieren abrirse. Mis piernas también parecen pegadas a las sábanas. Los brazos intentan moverse, van hacia mis ojos y tratan de convencerles de que dejen a un lado la pereza. No lo logran. Me doy la vuelta, y sigo durmiendo.

Pero mis sueños son muy pesados. Por ejemplo ayer, después de leer un poco de Los Detectives Salvajes, sentí que el mismo Roberto Bolaño narraba lo que sucedía dentro de mi cabeza. No me acuerdo qué sucedía, pero sí que cuando me desperté sentí que había pasado algo muy raro. La voz de ese grandísimo narrador dentro de mí, como yo me le imagino cuando leo lo que alguna vez escribió desde su escondite.

No quiero seguir soñando dormida. A mí me gusta hacerlo con los ojos abiertos. Lejos de lo que sucede cuando dejas de ser de aquí, para pasar a un mundo lejano. Mi vida es lo que pasa este rato, mientras siento como una oleada entra por mi nariz y llena mis pulmones. Mi vida no pasa frente a mis ojos, porque está aquí conmigo. No es extraña, no me importa lo que digan los demás, por más filósofos que sean.

Espero dejar de dormir, a pesar de que sea Bolaño (o mi invento del chileno) el que narre mis sueños.

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