Kilómetro 4

Estás en el kilómetro cuatro. Acabas de pasar el cartel que dice cuánto has corrido y te recuerda que todavía te falta medio camino para poder llegar a la meta. Ya empiezan a pesar las piernas, la respiración está tan agitada como el corazón y el sudor baja por tu frente acalorándote cada vez más. Sabes que todo está en tu contra, pero si lo piensas dos veces te das cuenta de que en la realidad es al contrario.

Tienes dos opcciones: correr con la misma fuerza del principio, a pesar del cansancio, o parar. Si optas por la segunda, el tiempo se hará aún más largo y te desanimará saber que no cumpliste con tus propias ilusiones. Te quedaste a medio camino porque dejaste que la mente te gane la batalla, a pesar de que sólo era un juego para ver quién era más fuerte: el miedo o la determinación.

Pero si sigues, te encuentras con que una vez que pasaste la barrera el camino es mucho más fácil de seguir que al principio. Nada más puede salir mal. Las piernas te duelen pero deja de molestarte, los zapatos ya se llenaron de tierra, no puedes sentir más calor ni frío porque ya te acostumbraste a esa sensación y el tiempo empieza a correr contigo. Los minutos ya no están en tu contra, sino que se te adelantan y si no les tomas el paso, te quedas atrás. Y ahí sabes que nadie puede ganarte, ni lo abstracto del presente.

Así que Ñaño ponle ganas, que estás en el kilómetro cuatro de la tesis. Te falta la mejor parte, y lo mejor que puedes hacer es disfrutar el camino.

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