Mi última noticia

Mi intensión era correr y esa noche sentarme a escribir. No lo hice, necesitaba tiempo para procesar lo que ese día significó para mí.

El 1 de enero del 2013, mientras corría por las calles de Bahía de Caráquez me puse una meta muy importante: correr la Quito Últimas Noticias 15k. Estaba consciente de que muchas veces yo me prometo cosas que después olvido y me trazo metas que sin darme cuenta las logro. Pero ese día fue serio. Quería correr las Últimas Noticias y quería lograrlo. Hoy, 31 de diciembre de 2013, sentada frente al mar puedo decir que sí, lo logré. Corrí las Últimas Noticias y es lo más increíble que he hecho en este año.

Mi mamá entró a mi cuarto antes de las 6 de la mañana. Ya estaba despierta cuando lo hizo, porque tenía tanta angustia que el rato que sonó la alarma me levanté enseguida. Me puse la camiseta tomate chillón de la carrera, los leggins para correr que me compraron mis papás para mi primera carrera, me hice la cola y me puse una gorra. Al final los zapatos que, por suerte, combinaban con la camiseta. Estaba lista. Comí algo y salimos. Durante el trayecto fuimos conversando con mi mamá y ella trataba de tranquilizarme. Estaba tan ansiosa y llena de preocupación. Será que no llego, y si me canso, y si me pasa algo… Pensaba en voz alta. Me hizo acuerdo de que sí había entrenado y que era mi propósito de año nuevo. Llegamos a la gasolinera donde me encontraría con el amigo que me llevaría a la partida. Me despedí de mi mamá y las dos estábamos tan emocionadas que lloramos un poquito. Mi primera prueba fue superada.

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Subimos a Quito. Cuando nos bajamos del carro y toqué el asfalto, mi miedo se transformó enseguida en emoción. Estaba segura de que todo el esfuerzo había valido la pena, porque estaba ahí y feliz.

Me encontré con muchísimos corredores. Algunos calentaban moviendo los músculos y estirando, otros corrían de lado a lado. También estaban lo que, como yo, estaba viendo a los lados y no podían creer que estaban ahí. Novatos. Fui tan novata que de los nervios tuve que hacer una fila larguísima para poder ir al baño público que estaba al filo de la calle.

Empezaba la carrera. La emoción me hacía saltar más que correr. La gente empezó a moverse hacia adelante. La línea de partida estaba a pocos metros… ¡¡Ahí estaba, empezando mi primera carrera Últimas Noticias!!

1 2 3 La carrera empezó con una bajada. Muchos me pasaron, salieron agilitos tratando de apurar el paso para llegar en buena posición. Yo sabía que me demoraría y mi razón era terminar. Con cada paso me ponía más feliz. El clima de Quito estaba delicioso. El sol había salido hace rato, pero hacía un friesito rico que cada vez que entraba por mi nariz, me hacía acuerdo de disfrutar todo lo que me estaba pasando.

5 68 9 10 11 12 Me acompañaba la música del Ipod de mi hermano Martín. Y, mientras corría tomaba fotos de todo.

Más o menos en el kilómetro 5 llegó mi primera sorpresa: regalaban aguas en funda y los corredores botaban en el suelo enseguida de tomar un poco. Por eso, cada vez que me acercaba a uno de estos puestos, sabía que debía esquivar estas funditas que podían ser un riesgo. Conociéndome, era probable que me pasara lo peor. Y ese día me podía pasar todo, menos caerme.

La segunda sorpresa fue la que más me gustó a lo largo de toda la carrera: el modo en que la gente apoya a los corredores. Es realmente increíble. Había oído que era chévere, pero para mí fue muy especial. Sentía que cada pieza iba tomando su lugar perfecto.

Del sur entramos al Centro. Correr por el Centro es aún más lindo que caminar. Las casas, los colores y los olores hacen de la experiencia diferente. Me imaginaba, por ejemplo, cómo caminaban mis abuelos por esas calles por las que ahora yo corría y me llenaba de energía. Seguía sonriendo, a pesar de que cada vez el sol era más fuerte.

13 14 15 16 1719 20 21 22 23 24 25 26 27 Pasar el Palacio de Carondelet fue genial. Como se ve en la foto, éramos parte del espectáculo de ese día (que gracias a Dios no tenía nada que ver con la política). Las calles por las que pasábamos eran conocidas. Con cada paso y la música que sonaba en los audífonos, sentía que los 15 kilómetros me pasarían facilísimo.

29 30 31 32 33 34 Salimos del Centro. Es imposible no fijarse en el cambio tan brusco que se viene. El camino sigue hacia el norte, donde no existe tal cosa como la planificación urbana. El aparente orden del Centro se pierde por completo, para pasar a una unión entre modernismo y desorden y caos.

Pasé por el antiguo Palacio de Justicia. Como siempre, me acordé de cómo era yo hace un par de años, que caminaba por ahí todos los días. La Ana María de esos días, era diametralmente diferente de la Ana María que corrió ese día. Es tanta la diferencia, que hasta siento cada momento de manera diferente.

35 36Después de pasar la casa que creo es la Embajada de Egipto, tomamos la 6 de diciembre, larga para abajo.  Toda esta ruta la conozco muy bien, porque he pasado muchas veces en carro. Pero a trote es totalmente otra sensación. Desde el piso, todo parece más lejano. El semáforo que divide una calle de otra te cuenta que estás cada vez más cerca, pero eso quiere decir que tienes que seguir corriendo. Además la distancia parece más corta porque sabes qué viene después, el problema es que no llegas, y no llegas…

37 38 39 4042 Corrí toda la 6 de diciembre, que es larguísima. El sol cada vez era más fuerte y cuando llegué al kilómetro 10, ya empecé a cansarme. Sabía que solo me faltaban 5, pero eso es muchísimo la verdad. El trayecto era todo recto y casi lineal, pero eso mismo hace que pierda un poco el interés. Ya había pasado la hora.

47 43 48 49 50 51 52 53 54 55 Entre el kilómetro 12 y 14 fue la parte más fuerte de la carrera. Por algunas razones, pero la principal porque empezó a dolerme mucho el lado derecho de la barriga. Me cogí ese lado de la barriga lo más duro que podía para así tratar de parar el dolor, pero nada de lo que hacía daba resultado. Por unos momentos pensé en parar e ir a alguna carpa de la Cruz Roja. Dudé. Camine un poco. Pero la determinación me hizo dar cuenta de que el dolor además de físico era mental: mis miedos querían jugarme una mala pasada y yo tenía que demostrar que era más fuerte que ellos.

Volví a trotar. Con mucha fuerza llegué al kilómetro 14. Faltaba 1 y el Estadio Olímpico Atahualpa estaba ahí, ¡cerquísima!

56 57 58 59 60 Ya. Todo tenía sentido ahí. Era la última recta, después de haber luchado física y mentalmente durante toda la carrera. Estaba cansada pero tan feliz, que dejé de sentir mis piernas para solo oír lo que mi corazón tenía que decirme. Y me decía que siga, que estaba a punto de lograr mi meta de ese año. 1h40 minutos hasta ahí. A lo lejos le vi al Libo. Él es el guardia del colegio del que me gradué. Es uno de esos personajes con los que crecí y al que he admirado toda mi vida por su fuerza de voluntad. Vivía en Tumbaco y se levantaba todos los días a las 5 de la mañana para subir corriendo hasta el colegio, que es en Quito y llegar antes de las 7 para esperar a los alumnos; también le vi a mi papá. Fue una emoción muy grande verle. Quedamos en vernos después de que pasara la meta.

Di la curva, estaba a pocos metros de entrar al estadio. No puedo explicar con palabras lo que sentí. Es lo mejor que me ha pasado este año. No sé qué tiene ese lugar que siempre ha significado mucho para mí. Desde que soy chiquita, he visto a la pista como ese lugar muy parecido al cielo, donde corres y parece que vuelas. 

61 62 63 64 65 66 6769 Los últimos metros me gusta terminarlos dando todo, corriendo lo más rápido que pueda. Hacerlo fue importante, pero bastante difícil por la cantidad de gente que se reúne en la meta. Pasé la línea y me puse a llorar. Y lloré de la emoción, de la ilusión de haber logrado algo que quise por tanto tiempo pero me dio miedo, como tantas otras cosas. Regresé a ver el cielo que estaba despejado, agradecí a Dios por estar ahí ese momento. Por ser yo. Y por haberme acompañado toda la carrera. También pensé en mis papás, mis hermanos y en el Esteban. En toda esa gente maravillosa que me apoya en las locuras y me abraza cuando estoy triste.

Seguía llorando. Se me acercó un señor, me preguntó si me había pasado algo y si necesitaba ayuda. Le dije que no, que estaba muy bien, que era felicidad. Nos sentamos y conversamos un rato mientras yo seguía llorando. Me tomó una foto. La última foto con el Ipod del Martín. Mi última foto, que trae mi última noticia: ya no soy tan miedosa como antes, éste año me ha enseñado a luchar por lo que quiero. Y si las metas son como la entrada al Estadio Atahualpa, espero poder seguir corriendo toda mi vida.

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