“Be careful what you wish for”

En la madrugada escribí que este pedacito de espacio iba a ser ahora mi nuevo lugar para narrar. Los siguientes dos días he tenido tal cantidad de momentos para narrar, que estoy agotada. Me acuerdo que una vez la Isa me dijo “be careful what you wish for” y creo que ahora entiendo por qué.

El viernes me ganó la ansiedad. Para una clase debemos grabar una suerte de cortometraje en grupo. No se nos ocurrió nada más inteligente que utilizar, como escena final, a mi gato. Por eso lo llevé a la universidad. Debí haber supuesto que era una mala idea; el gato estaba aterrado, metido en un baño con gente que no conocía. Aullaba, se movía… Gritaba. Y estaba yo ahí como si nada, riéndome de la situación. Pero dicen que el que ríe al último ríe mejor y el gato tuvo esa suerte.

gato- gato-espejo

Por un momento de descuido, el animal se escapó y entró a un hueco totalmente negro e imposible de entrar para alguien que no mida menos de 50 centímetros. Se escondió ahí por dos horas. Con el Esteban estuvimos todo ese tiempo intentando sacarlo de ahí. Obviamente mis compañeros de grupo estaban histéricos porque no pudimos terminar de grabar. Todo fue un caos. Yo me alteré mucho y me puse a llorar. El Esteban intentaba ayudarme pero claramente no me dejaba. Llegamos a mi casa y me obligó a tranquilizarme. Tomé un poco de agua, algo comí y volvimos a salir. Tenía que hacer tres entrevistas en Quito.

Pero llegué sólo a dos. La primera me la salté por despistada. Como estaba tan alterada, me olvidé totalmente a dónde debía ir a pesar de que conocía muy bien el café en el que íbamos a encontrarnos. Corrí, en tacos, por casi toda la Foch sin llegar a ningún lado. Derrotada entré a un Rose, le llamé a mi mamá y volví a llorar. Mis pies se quejaban y yo también. Todo estaba mal. Mi mami me dijo que me calme, cerré el teléfono y salí. Hice la segunda entrevista, mi situación empezó a mejorar y terminé con una excelente tercera. Me fui de la Foch más tranquila. Llegué a mi casa, conversé con mi ñaño y al fin, en todo un día me sentí bien. A las 10:30 estaba dormida.

El sábado empezó a las 7. Me arreglé y salimos con mi papá a antes de las 9. En Quito tenía mi primera entrevista, que por suerte el chico accedió volver a encontrarse conmigo. Tuve una buena conversación. Nos subimos al auto, empezaba una nueva aventura.

Juan Fernando Andrade y Juan Rhon escribieron una anti-guía de Quito. Muestran lugares poco comunes a los que vale la pena conocer en esta ciudad. Como mi reportaje final, decidí seguir sus pasos y encontrar eso que ellos narraron. Estuve con mi papá toda la mañana en el Centro. Fue increíble. Conocimos lugares y gente especial. Pasamos por el mercado Ipiales, diferentes Iglesias, el restaurante La Colmena donde la gente adora la guatita, el bar que tiene una de las mejores vistas del Centro Histórico y a un señor que no solo restaura imágenes de santos, sino también a gente con alguna malformación en su rostro.

PA-

Después de dormir toda la tarde, en la noche con el Esteban fuimos al concierto de Da Pawn y Fernando Milagros en el Teatro Variedades.

Así terminó mi intenso día. Hoy, cuando me desperté, abrí los ojos e intenté descifrar la hora de acuerdo a la cantidad de luz. Este rato tengo entre felicidad y preocupación. El semestre se termina. Las buenas notas no sólo suceden, ése es mi problema.

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