Una historia de amor

C y G tienen algo, estoy segura. La profesora les separó y cuando dijo que les “quitó la tentación” ella se rió. Pícara. G se cambió de puesto y C mantenía su sonrisa en la cara. A ratos él regresa a ver y ella no para de sonreír, además de sus ojitos, claro.

G es entre gordo y flácido. Pero parece que eso no le quita ese ‘je ne sais quoi’.

Al inicio del semestre, G coqueteaba con A. Ella era una suerte de diosa, de esas que no entiendes qué tienen pero los hombres babean. Llegaba y tanto G como su amigo E giraban alrededor de ella. La atención se dividía entre los dos. Pero a G siempre le hacía más caso: le tocaba la cara, se reían, hablaban al oído y se miraban; un día G faltó. Estaba A con E, solos, y a pesar de la coquetería de ella sí noté una diferencia. E tuvo una hora y media de pura atención de una flaca churona que da la impresión de que su vida brilla tanto como la bolsa donde lleva los libros. Pero estaba claro que E no era G, que pena con el primero.

De repente algo pasó. Los coqueteos de G cambiaron de dirección: ahora son hacia alguien más. su físico se mantiene, capaz le ha crecido un poco el pelo pero la suerte de estilo sigue igual. Se sienta como un tipo duro, hace chistes que generan risa a todas las chicas que están cerca de él y logra que C, la nueva risueña, ría sin importar que la profesora está intentando dar clase.

Hoy C está sentada en la última fila y la picardía sigue iluminando su cara (a pesar que ha pasado si quiera media hora desde que le separaron de G). G, en cambio, está frente a la profesora. Por ahora están lejos de su “tentación”, pero quien sabe qué pasa fuera de clase (he ahí mi hipótesis de que C y G tienen algo).

A también sonríe. Ya está a lado de otro chico. E, con su voz especial, le conversa a quien para mí es una desconocida: la chica de otra clase, amiga de C, que desde que llegó lo alteró todo. La diosa ya no tiene dos faunos que giran a su alrededor. Ahora el grupo de tres se transformó en cuatro y A tuvo que conseguirse otro.

G y A se están dando celos, estoy segura. Me lo dicen sus miradas, que a veces se encuentran pero pronto se entrecortan. Ella sigue siendo una diosa. Le pone atención al chico de turno. Los ojos de G parecen decir que no entiende la sonrisa que ella le está regalando a otro. Él regresa a ver, pero su mirada no va hacia C que está atrás, sino a A quien está cerca pero pretende no ponerle atención.

La clase termina. C y G se encuentran a la salida. No alcanzo a oír qué dicen, porque me voy por otro camino.

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