Mi chiquero

Es las 2 am y aún no arreglo mi cuarto, hoy conocido como el chiquero. No es suciedad, es ‘sobrepoblación’. Hay de todo y todo está desordenado. Yo tengo la teoría de que es culpa del escritorio estúpidamente largo que tengo: hay tanto lugar que en vez de guardar las cosas, dejo encimita y encima se queda. Definitivamente es su culpa, porque el lado de la cama más bien está ordenado (sin contar con que aún no la tiendo).

Creo que tengo la suerte de que mis papás no me molesten. Es más, mi papá se rió cuando vio que pegué un post-it a la entrada que dice: “El chiquero”. Es una forma de recordarme a mí misma que TENGO que arreglar mi desorden, así como también me gusta reírme de mí misma. La noche de ayer mi papá dos veces me preguntó: “y, cómo va el chiquero?”, yo solo pude contestarle que “ahí, parqueaado”.

Siempre pienso en cómo sería mi vida si fuera ordenada. Seguramente mi cuarto estuviera siempre perfecto, con la decoración perfecta y de acuerdo a la revista de decoración preferida. Además el color de las paredes combinara perfectamente entre ellas y no estarían todas descuajaringadas entre el verde chillón sobre el escritorio y el cafesito con crema del lado de la cama. Si yo fuera ordenada, mi cuarto no parecería, al mismo tiempo, un ropero, una zapatería, una oficina, una librería, ni un recorrido por mi vida. Creo que esa es la verdad: mi cuarto soy yo. Es el resultado de mis subidas y bajadas, de mis obsesiones efímeras y mis intereses. Como esa vez en que mi mamá me dijo que imprima una hoja con una foto de unos libros y la leyenda “mi desorden es mi orden”, y yo tenía como diez años. O sea, once años después yo sigo colgando cosas y acomodando todo de acuerdo a mi estado de ánimo. Mi cuarto es el resultado de la emotividad del momento.

Hoy arreglo el chiquero y el próximo domingo, o cualquier otro día que me de ganas, también. A pesar de mis intentos, mi vida no es ordenada ni planificada. No puedo usar agendas, mucho menos mantener una rutina exacta. Un profesor una vez nos dijo que el cuarto es el espejo de la cabeza, bueno entonces así es la mía.

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