Éeexito

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A propósito del partido que hoy ganó Ecuador ante Paraguay, creo que mi vida se parece mucho a esos 90 minutos.

Con el Esteban vimos en la tele un recuento de los partidos que los equipos han jugado en la cancha del Atahualpa. Desde el 2001, todos menos el último en 2010, Paraguay empezó ganando. Uno o dos goles de ventaja en los primeros minutos de juego, dejaban el ánimo del equipo nacional y sus hinchas en el suelo. Con comentarios como “típico del Ecuador”, los espectadores y los periodistas narradores se llenaban de una melancolía tan grande como el grito de sorpresa cuando, el Valencia o algún otro mete un gol. Un gol que es un golazo porque cambia la perspectiva del partido, genera una gran esperanza y devuelve la fe en que se puede ganar; hoy el primero de Paraguay llegó a tiempo, como pasó antes. Después, el esfuerzo de los jugadores logró el gol. Y tres más.

El éxito claramente se mide en unidades. Quien tiene más debe sentirse mejor y viceversa. Hoy entré a esa página/red social donde muestras tu perfil profesional. Hay de todo y todos son increíblemente aptos. Manejan el tiempo, saben trabajar bajo presión, han ganado premios en diferentes ramas que los distingue como parte del Dean’s list de mejores alumnos y cómo una décima los convirtió en los estudiantes modelo. Los títulos en grandes universidades y sus logros en el campo laboral los califica como de primer, segundo y tercer nivel. Ahí entro yo, ¿en cuál estoy?

Si me mido bajo esos parámetros de cómo llegar al éxito, creo que no lo lograré. No sé manejar el tiempo, mis notas no brillan por sí solas y no entro en ninguna lista del Decano en la universidad, en el colegio los dos premios que gané fueron internos, mi desorden se traduce a mi vida diaria y soy introvertida. Entonces, empiezo con el 1 a 0.

En este punto de mi vida busco el empate. Quien más celebra mis intentos es mi papá. Él es algo así como el entrenador y el hincha que se pone la camiseta cuando empiezan los 90 minutos. Yo pierdo la fe mil veces al día y a veces no entiendo cómo fue que entró un gol si patee tan suave… Pero entra. Y en la cancha sigo corriendo. Esa red social seguro me rankeara de acuerdo al éxito. Y yo le voy a contestar que tengo un blog donde muestro mis debilidades. Pero que igual lucho, todos los días. Y que si sigue creyendo que eso me determina, que entonces se vaya enterando de que muchos de esos exitosos solo son capaces de mostrar su lado bueno. Por otro lado estamos los que creemos que el mundo está en el intermedio. Tengo a mi lado alguien que me celebra y confía. Sabe que tengo todavía tiempo para seguir. Por ahí va mí éxito.

Yo sé que a la red social no le importa, ni que esto se convertirá en una bandera, pero al menos me hace darme cuenta de que hay que ver con ojos fijos el CV de esos exitosos, porque eso no determina la condición de su alma.

Todos los que somos como el equipo del Ecuador tenemos otra oportunidad: remontar. Dar la vuelta al partido que parece que empezó desfavorecido por el éxito.

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