Siento desde la espalda

Estoy acostada en mi cama, con las luces bajitas y en pijama. El dolor de espalda es casi insoportable, peor que el dolor diario. Pero hoy vale la pena. Alguna vez escribí sobre mis poderes de superhéroe: esta noche estoy llena de esperanza y tengo fe de que sí me voy a comer el mundo -como analoji, claro-.
Hoy jugando fútbol me caí tan duro que mi cabeza rebotó dos veces contra el suelo. El Esteban románticamente me fue a ayudar. Como no me podía mover muy bien -y también porque me encanta que me mime-, salí de la cancha cargada en brazos. Romántico (y si no me creen pregúntenle a las otras jugadoras que dijeron “ooh” jaja).
Después de dar todo mi esfuerzo en la cancha y verle la felicidad al Esteban como director técnico, creo que puedo acostarme tranquila.
Me encanta pensar que la vida son momentos que tienen un fin. Mis dolores diarios de espalda, entonces, tienen una razón de ser. Sentir desde la espalda significa encontrarle un sentido al dolor, para así superar el miedo de perder. El dolor no desaparece, sino se transforma. Y hoy jugó en mi mismo equipo: me dio la fuerza para correr y demostrarle que mi mente domina mi cuerpo.

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