ANDES, Pablo Corral Vega

El trabajo de Pablo Corral Vega ofrece una experiencia de vida. Documenta espacios, lugares, situaciones y más que nada personas; un hombre mira su reflejo entrecortado en un espejo roto. Junto al marco de oro hay una expresión bastante parecida, solo que en óleo. Ese hombre no es cualquier persona, es el pintor Oswaldo Guayasamín. No mira a la cámara, ni él ni su autorretrato, el fotógrafo en este caso es un observador compositivo (ANDES, pg. 115); más que un creador, Corral Vega retrata una situación que seguramente no volverá a ocurrir. Por eso, su trabajo es reconocido gracias al respeto hacia los sujetos fotografiados, el valor simbólico de su obra como tal y su habilidad en manejar a la estética como estilo propio.

 

 

Pablo Corral Vega ha publicado su trabajo en importantes revistas internacionales como The New York Times Sunday Magazine, Auburn y es el primer ecuatoriano en colaborar con National Geographic (www.pablocorralvega.net/bibliografia). En 2001 trabajó con la casa editorial OCEANO y National Geographic para publicar su libro ANDES. Colaboró con el escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien creó un cuento corto en relación con cada imagen. “En las fotografías de Pablo Corral hay siempre una esperanza, una afirmación de vida, una voluntad de supervivencia aun en las peores adversidades, que se manifiesta en los seres más humildes y maltratados, ya sea por sus semejantes o por las catástrofes” (ANDES, pg. 13). La fusión entre escritor y el fotógrafo, ambos artistas latinoamericanos que implementan siempre en su obra la parte geográfica y sociológica para así crear una historia, logran un trabajo de una alta calidad visual, textual y conceptual. Ambos retratan a los Andes como si la naturaleza tuviese cara, sin embargo los verdaderos retratos son los de la gente que vive y sobrevive en los territorios andinos.

 

 

En una de las fotos de este libro, está una niña indígena boliviana que se tapa la mitad de su rostro con una mano. A su lado se encuentra otra mujer que también baja la cabeza, como escondiéndose. Esto responde a una característica muy común en los pueblos andinos, donde el resultado histórico volvió escépticos a los pobladores. En el cuento respectivo de Vargas Llosa, “La muchacha de Toledo”, el escritor recrea los pensamientos de la niña: “¿Por qué me tapo la cara con mi mano derecha? (…) Me la tapo porque no me gusta que un forastero se ponga a tomarme fotos, sin pedirme antes permiso” (ANDES, pg. 33). A propósito de esta relación tan cercana entre el fotógrafo, que está detrás de la cámara y la persona que posa de una u otra manera, Pablo Corral en una entrevista con Diego Oquendo Sánchez dijo “(…) la fotografía tiene que ser un diálogo. Si no es un diálogo, si no te permite acercarte a las personas que estás fotografiando, se convierte en un arma” (www.pablocorralvega.net). Él, prefiere tratar antes con el sujeto, con tal de que la cámara no se convierta en una barrera mediante la cual “(…) puedes invadir la intimidad de alguien” (www.pablocorralvega.net). Entonces, como fotógrafo utiliza su equipo para poder llegar al otro y así “(…) conocer más que estamos vivos” (www.pablocorralvega.net).


A lo largo de las páginas, retrata instantes que representan cada país que forma parte de la cordillera andina. En la página 90, el lector se encuentra con un entierro en Sigsig (Ecuador), dos hermanos lloran las muerte de su padre. Ella, en la mano lleva una cruz de madera pintada de negro y decorada con flores. Él, abraza a su hermana y con la otra mano carga dos lirios de agua. Estas flores prefieren la sombra y los climas suaves, ¿podría ser una suerte de metáfora de la muerte? Quizás forma parte de la tradición popular, eso de enterrar a los seres queridos con una flor que los recuerde en vida; en su página web, acompaña su trabajo con un texto que se asemeja al realismo mágico. Al hablar de la muerte dice que “la atención que tradicionalmente se presentaba al más allá en el mundo andino era una manera de reconocer que los antepasados nunca se ausentan del todo” (www.pablocorralvega.net/inicio/andes/14). Es decir, la relación entre las costumbres, la naturaleza y el pueblo tradicional, están presentes en la obra de Corral Vega y se condensan en una serie de fotografías. Y, todas están llenas de símbolos que nacen gracias al conocimiento intelectual de los pueblos indígenas. En otras palabras, el fotógrafo es quien retrata una imagen y lo hace a propósito del entendimiento. No es solo una persona que va por ahí tomando instantáneas, se convierte en el medio para mostrar un mensaje; en la entrevista con Oquendo Sánchez, el fotógrafo acepta que “(…) me he dado cuenta que la fotografía es un fin, no una herramienta” (www.pablocorralvega.net), y esto a su vez acarrea sensibilidad y ética. Un fotógrafo no es aquel que toma fotos, sino quien retrata instantes sin dejar de lado pequeños detalles simbólicos que completan una situación.

 

 

“El Cusco es el corazón del mundo andino, el eje preciso donde confluyen todas las coordenadas”(www.pablocorralvega.net/inicio/andes/14). Con una visita dominical al cementerio de esta ciudad, encuentra a una pequeña niña que refleja su cuerpo en un vidrio. Éste forma parte de una caja oscura, donde el nombre de otra niña está por encima de la fecha de vida y muerte. A su alrededor, se encuentran muñecas y varios juguetes que seguramente le pertenecieron, junto a una foto recortada de ella sonreída. Es posible que la primera niña de blanco no comprenda bien lo que significa todo eso que está mirando. Además, no es exactamente la realidad, porque es el reflejo de una idea y de una pequeña niña que se enfrente a la muerte de otra niña. Lo que pasa es que, como escribe Vargas Llosa “(…) el cementerio, en cambio, es una residencia permanente” (ANDES, pg. 71); la placa continuará inscrita en 1996 y la niña del reflejo seguirá creciendo sin tomar en cuenta aquel instante en que un fotógrafo retrató su cuerpo en un vidrio que separaba la vida de la muerte.

 

“La fotografía es una imagen (…), que puede sugerir significados muy distintos” (Arte y fotografía, pg. 29). Cada símbolo tiene un contexto específico con el cual el fotógrafo elabora su trabajo. Algunas veces, puede ser algo personal, hasta íntimo, que se presenta desde la visión de quien tiene la cámara en sus manos. Cada imagen insta a que el espectador trabaje con sus sentidos y así llegue a una conclusión que va mucho más allá de los cánones de belleza impuestos. Los códigos de composición, a su vez, juegan un papel muy importante al momento de imprimir el estilo específico; en el caso de Pablo Corral Vega, él utiliza mucho el color y coordina con la luz. Aprovecha la naturaleza para lograr enmarcar una escena cotidiana, de una manera estética y lejana a los clichés.

 

 

En Ecuador es común ver una procesión cada etapa del año que la religión así lo acredita. De fondo la Iglesia de San Francisco, en primer plano una señora y soldados parados en perspectiva. La foto de la página 94, es un claro ejemplo del trabajo de Corral. La imagen puede ser analizada desde las tres perspectivas establecidas por Roland Barthes en “Retórica de la imagen”: el mensaje lingüístico va de la mano con la denotación al usar el texto de Vargas Llosa, “yo soy soldado”; el significado aestético se establece con los colores que crean un mensaje codificado icónico: el cielo de Quito que se mezcla con el blanco de la Iglesia, la cruz con un Jesucristo que está a punto de ser crucificado, entre dos lámparas, con fondo morado y la luz de una llama prendida. El mismo color se repite en el saco de la mujer que quema incienso, y el ese mismo humo esconde un poco las expresiones de los soldados, serios y ligados a su deber determinado por la ropa; y, los objetos reales que actúan como significantes, crean así una imagen simbólica. Es decir, Corral Vega trabaja con códigos culturales que a simple vista solo son parte de la foto. Pero, están para que sea el espectador quien los entienda. Su estilo visual es, entonces, el de crear una imagen clara, más no simple (“Retórica de la imagen”, Roland Barthes).

 

En conclusión, Pablo Corral Vega es un fotoperiodista que se vale de símbolos para documentar situaciones. Su trabajo en el libro ANDES recrea el valor cultural de los pueblos andinos. Es importante resaltar la unión con el escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien a su vez crea cuentos que sirven como anclaje para la serie fotográfica. Dado que para este fotógrafo la fotografía es un fin, él crea diálogos con los personajes de sus fotos. Es más que un observador que está atrás de la cámara, porque el acercamiento social también se ve reflejado tanto en el ángulo y las expresiones que la gente genera. Está convencido en que “(…) no te relacionas con la cámara, te relacionas con el sujeto” (www.pablocorralvega.net). Pablo Corral Vega es un fotoperiodista que logra ensayos fotográficos y artísticos en base a la realidad.

 

Bibliografía

 

Arte y fotografía. Edición de David Campany. Editorial Paidós.

Barthes, Roland. “La retórica de la imagen”. De: Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces. Editorial Paidós, España, 1992.

www.pablocorralvega.net

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