Hoy me compré un sombrero…

… mientras esperaba que el semáforo cambie de rojo a verde. A mi ventana se acercó una señora con un bebé para ofrecerme caramelos, otra señora con alguna cosa que no puse mayor atención porque prefiero hacerme la desentendida que no crearles una falsa expectativa de compra. Bueno justamente es ahí donde me contradije: al señor que tenía unos sombreros tipo fedora, le abrí la ventana. Lo que instantáneamente quiere decir, dentro de los negocios callejeros, que el producto interesa y yo me convertí en la futura compradora de un sombrero que en un principio costaba ocho dólares, pero al ver mi indecisión, él decidió dejarme en cinco. Después de que me dijo en susurros pero lo suficientemente alto como para que yo oyera, que “(…) con esa plata voy a poder ir a verles a mis niñas a Portoviejo”, no tuve más opción que escoger el menos feo: uno negro con un diseño que bien se parece al pantalón a cuadros que utilizaban mis amigos en el colegio; verde y seguí. Me puse el primer sombrero que he comprado en mi vida, de la calle y con etiqueta china.

Me miré varias veces en el espejo retrovisor y a pesar de que no llegaba a sentirme del todo cómoda, me lo deje puesto como si fuera algún tipo de trofeo. Si me quiero poner romántica podría decir, por ejemplo, que es un símbolo para determinar un antes y un después. Aunque realmente estoy consciente de que representa una parte de mi personalidad bastante insegura: a pesar de que me atrae la idea de usarlo, no sé qué tan ridícula podría verme.

Una de las motivaciones que sentí para comprarlo definitivamente fue mi prima María Laura. La Isa me contó que su hermana chiquita usa un sombrero ‘habanito’ que le encanta y lo combina con todo. Se ha convertido en algo así como su marca personal, a pesar de que es una niña/futura adolescente de trece años que seguramente en septiembre deja de usar su fedora, al volver al colegio. Pero en fin, me pareció divertido comprarme en la calle un sombrero negro para ponérmelo cada vez que sienta algún tipo de necesidad de salirme de mi propio sistema -esto en otras palabras quiere decir, en mi cuarto cuando escribo-.

Durante la bajada a mi casa, oyendo mi programa favorito de radio Desde mi visión con Michele Oquendo Sánchez, las películas que compré en mi nuevo paraíso del cine (tomando en cuenta que recién estoy empezando a apreciar este arte, fuera de Hollywood), con el sombrero en la cabeza y la ventana del piloto totalmente abierta, me di cuenta de que las etiquetas las determina cada uno. Si quiero vivir sin ellas, bueno entonces es indispensable quitar las que yo he puesto en los demás. 

Que cada quien a bien disfrute sus haberes, yo por el momento me tomaré fotos y escribiré sobre mi nuevo sombrero. Tal vez el mundo aún no esté listo para verme con sombrero, pero al menos ya di el primer paso. 

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