Pertenencia

Está Quito. Siempre insoportable, lleno de tráfico, de gente gruñona y quejumbrosa. Quito con el cielo más azul que he visto en mi vida. Hay sitios chiquitos en la ciudad donde se puede admirar, desde arriba, todo lo que hay. A lo lejos, a los lados y por supuesto hacia abajo. Lejos quedan los absurdos. Lugares donde solo está la vista, lo demás es intrascendente. Claro, a menos de que la compañía agregue ese detalle que se necesita para poder disfrutar del distanciamiento tan cercano de la propia ciudad, del lugar que me vio nacer. Y qué mejor si es guayaquileña.

Ella es la Kiki. Mi mejor amiga. Es de Guayaquil, por lo que tiene un acento muy pronunciado y muchas veces le remedo para hacer chiste.

Podemos conversar por horas, siempre hay algo nuevo o algo más que agregar a la conversación. Es una de esas personas con las que simplemente no me canso.

Todo lo que hace es intenso. Si tuviera que definir su personalidad sería mediante la pasión. Nunca antes había conocido a alguien con tanta emoción de vivir como ella. Una vez más, es una de esas personas que me alegran el día.

Un día nos fuimos a desayunar/almorzar al café Mosaico en el Itchimbia. Al frente de la virgen de El Panecillo y con el centro de Quito a nuestros pies. De eso ya son quizás dos meses pero no había compartido sus fotos. Ahora me ilusioné con el editor Picassa3 e hice una suerte de presentación bastante romántica de nuestro pequeño paseo.

Yo creo que la amistad, así como las ciudades, se definen según la relación de pertenencia. Ella de Guayaquil y yo de Quito. Tenemos el pasado bastante diferente, pero nos encontramos ahora y ya planeamos el futuro. La Kiki es mi hermana.

Todo es un juego la mayor parte del tiempo. Tenemos distintos personajes, nos turnamos sin darnos cuenta realmente de lo que estamos haciendo. Desde el primer día que nos conocimos ha sido así: a veces ella intenta ser la madura y yo la exagerada, o cuando alguna se siente desamorada la otra se encarga de buscar alguna canción/frase/foto que cambie ese estado de ánimo. Nuestra amistad siempre de fondo lleva un soundtrack, banda sonora. Es solo uno de los muchos clichés que utilizamos, como un modo de permanecer.

Dicen que todo pasa por una razón. Yo no tengo la más mínima idea de cuál es la de la vida. A veces intento encontrar una, pero la mayoría del tiempo me dedico a entender lo que crea su concepto, más que el mismo en sí. No tengo ni una respuesta. Y si algún día decido definirme, ojalá no encuentre las palabras exactas.

 

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