Época de cambios

Supongo que no solo se llega a los veinte años. Lo que va de este año realmente ha sido trascendental para mí. He vivido muchos cambios, algunos empiezan a dar frutos y bueno otros a pasar factura de algún modo.

Me pasé a periodismo de un brinco y ahora siento que estoy en una cuerda floja. A veces a punto de caer por mi desorden y también por la desilusión de sentir que realmente no se nada. Entre tanto vaivén, el tiempo sigue pasando. ¡Qué le importa si yo encuentro consuelo en el silencio de la madrugada! Si, total, al menos eso es lo único estable y definido: hace su trabajo sin equivocarse nunca.

A los diez años, la mamá de una de mis mejores amigas me dijo algo así como “date cuenta que es tu primera década”. Esto realmente marcó algo importante en mí, creo que desde ese momento realmente empecé a darme cuenta de que la vida pasa y muy rápido. A pesar de que cada año es distino, lo que la Adriana me dijo representó el comienzo de la cuenta progresiva. Ya cumplí dos décadas, pero ¿realmente qué tanto ha pasado?

Debería poder asegurar que ya no soy una niña… Pero es un hecho que muchas veces sigo comportándome como una. Es más, el Esteban en varias ocasiones me ha dicho que deje de portarme como “una niña malcriada” porque mi actitud solo está agrandando cualquier discusión. Él -que me tiene paciencia-, me aguanta porque sabe que eventualmente recapacitaré. Pero no con todos es así. La verdad con casi nadie. O, al menos, no con gente que no me conoce lo suficiente. Bueno, en fin. Si quiero cambiar ciertas cosas debe ser para lograr desempeñarme como adulta, o cualquier otra afirmación que supere a la inmadurez…

Todo eso sería lo racional. Siempre que digo esa palabra me acuerdo de mi gran profesor de filosofía. Me enseñó muchas cosas y entre ellas, el valor y relevancia de las palabras. Hoy, a la 1:54 de la mañana, acostada en mi cama y escribiendo en un cuaderno de cuadros, creo que de racional no tengo nada pero tampoco de irreverente. Veamos el próximo semestre en la universidad qué otra palabra llena de sentidos aprendo, para que tal vez así logre definirme.

Tengo exactamente veinte años con cinco meses y diez días. No creo que sea pura coincidencia. Me gusta creer que mi vida está llena de símbolos, situaciones ocultas que deberán solucionarse a futuro.

El reloj de mi escritorio dice queya son las 02:00. Hasta más tarde. Estoy llena de sorpresas.

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