Horario

No se si deba preocuparme. Algún día tal vez la vida me va a pasar factura por mi desorden.

Eran las 6:05 am y yo seguía tan despierta como si las 12 de la noche nunca hubiesen pasado. Fueron más de seis horas en las que escribí, leí un poco y pinté cuadraditos de colores. Cuando empecé a oír el canto de los pajaritos a los que alguna vez relacioné con empezar el día, me di cuenta de que debía tener sueño. Tradicionalmente esa no sería la hora para acostarse a dormir, pero el reloj solo cuenta como medidor del tiempo sin que exactamente lo valore. Tal vez es por eso que no me importa realmente la velocidad con la que llega el futuro, para mí es cuestión del momento y lo que éste signifique. Sí, eran las 6 de la mañana, llegó la mañana para mayoría pero cuando empezó a clarear, me sentí tan contenta porque había pasado toda una madrugada haciendo lo que me gusta.

Por supuesto me desperté varias horas después, pasado el medio día, con dolor de cabeza por la jornada de más de ocho horas frente a la computadora, además de la mala posición que tomé en la cama para escribir acostada, a pesar de tener un gran escritorio en mi cuarto. En fin, físicamente me sentía destrozada, pero pocas veces me he despertado tan contenta.

Sé que hay cosas que tengo que cambiar, quiero aprender a tener un horario de trabajo. Si bien está excelente que pase el día pensando en lo que quiero escribir, es importante que entienda que no debería malgastar el mismo por estar dormida a deshoras. Tengo que organizar mi vida de tal manera que duerma lo estrictamente necesario, para así poder trabajar todo el tiempo que pueda sin que llegue un punto en que mi cuerpo, resentido por el mal trato, decida un día solo ya no funcionar.

En la madrugada hay un silencio impresionante. Cuando estoy escribiendo no digo ni una palabra en voz alta, todo queda en mi cabeza. En la madrugada no tengo voz, lo único que tiene que funcionar son mis manos para escribir en la computadora y mi cerebro para determinar qué es lo que quiero escribir; entonces, el día que sea para hablar de todo eso que en silencio pienso durante horas. Esto no quiere decir que no vaya a dormir, solo es una forma de organizar mi vida del tal manera que el día no termine ni comience sin antes yo determinar que así quiero que sea. El calendario, el reloj y las alarmas para despertarse son construcciones establecidas que planeo trabajar con ellas, sin mantener una relación de total dependencia. Suena hasta ridículo, yo se, pero qué importa, creo que estoy en ese momento en mi vida en que realmente puedo darme el lujo de experimentar para así formar mi camino.

Más que preocuparme, lo que debo hacer es determinar mi horario. Para que así, cuando la vida me pase factura, que yo me sienta orgullosa del resultado.

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