Vengan a Ecuador

De vez en cuando veo con mi mamá distintos programas de viajes de Discovery Channel (Travel and Living), en los cuales gente de todo tipo viaja por el mundo mostrando las maravillas del planeta, desde la gente que lo compone pasando por su geografía, hasta el modo en que esas personas interactúan con el medio -demostrando las cosas extraordinarias de cada lugar-. Mi mamá y yo, acostadas en la cama, tenemos distintas razones por las que vemos este tipo de programas. Ella para distraerse, y yo porque quiero aprender todo, como por ahora no puedo viajar por todo el mundo como me gustaría, utilizo los medios de comunicación como la manera más inmediata de acercarme a todo eso que una pantalla me puede mostrar sin que tenga que moverme de la comodidad de mi hogar.

Los presentadores también son de todo tipo, hay los más tradicionales y otros que se encargan de mostrar al público distintos puntos de vista de una misma situación, esos que no pretenden difundir una idea sino mostrar lo que sucede en algún lado remoto y que sus televidentes disfruten de más o menos una hora de programación ‘aventurera’. Esta gente va a lugares tan distintos… Entre muchas otras cosas, a mí me da ganas de decirles: Vengan a Ecuador.

En Ecuador tenemos mucho que ofrecer sin siquiera reconocer que así es. Hay solo dos estaciones en todo el año, las mismas que se intercalan los meses sin un real orden, sin embargo el clima es cálido y agradable. En Quito, por ejemplo, no hace falta un guía turístico, nada más con perderse por las callesitas de la capital que parecen que no llegan a ningún lado, para encontrarse en una plaza con una iglesia un poco mal tenida pero llena de una vida que no es del todo misericordiosa. Se podría hacer una suerte de reportaje en el cual el presentador mostraría la falta de lugares turísticos tradicionales (como por ejemplo la Torre Eiffel en Paris o el Coliseo Romano, etc), pero sí un retraso que merece ser retratado, y les voy a decir por qué.

Tomemos a Quito una vez más como punto de partida (lo hago no porque sea la capital, sino que es mi ciudad de origen). Tenemos el Panecillo, una escultura de la ‘Virgen de Quito’, de aluminio gigante situada a 3.000 metros de altura, está en el cerro del Panecillo y no hay mayor atracción aparte de la vista panorámica. Pero, es importante parar y observar. El centro de Quito,  que de lejos parece ordenado porque sus calles fueron construidas de tal manera que siguieran un patrón de tantas cuadras paralelas y después, de la nada, la ciudad empezó a crecer y los ingenieros civiles de ese entonces decidieron construir donde mismo cayó la suerte, sin que realmente importaba si se continúa o no una estructura determinada. Divertido desorden, desde las alturas se puede oscuchar cómo algún locutor anima una fiesta en la calle, cómo de vez en cuando pasa la policía ‘siempre en vigilia’ y hace sonar su pito junto a los colores rojo y azul de la sirena, además por supuesto de la furia de los conductores y la desesperación de otros que, como muchos más, están atrasados pero ‘solo cinco minutitos’ y ‘no es de preocuparse, ya llego, ya llego’; vamos hacia el norte y, mientras se sube en los carritos del Teleférico, el sol puede empezar a ponerse y la luz del atardecer baña la ciudad, permitiendo que el fotógrafo del posible equipo de producción pueda conseguir una gama de rojos y amarillos. Taparse del frío repentino de la cumbre del Ruco Pichincha, en la soledad de un lugar que fue planeado para convertirse en gran atracción turística pero que los quiteños no llegar a apreciar en su totalidad. Si se quieren poner nostálgico, qué mejor que tratar sobre el turismo fantasma de una ciudad que parece que no tiene cultura, pero que el arte ebulle en las calles; pasemos a la vista de las montañas más importantes del país, una cordillera que en un día despejado se puede apreciar en su totalidad a pesar de su lejanía. Empezando con el Cayambe hasta el Cotopaxi, a los dos se los puede mirar desde cualquier punto estratégico de la ciudad, eso es tan sencillo de definir como la misma Autopista Rumiñahui, la que lleva a cualquiera de los dos, pasando algunos huecos/baches, sorteando uno que otro irresponsable que se cruza la carretera rápida, pero en fin el pavimento lleva a donde el turista quiere llegar; así podría nombrar muchos más lugares que se encuentran en el mapa, pero a mí más me gustan esos puntos determinados que no se pueden ver en un papel oficial.

Está Pintag, un pueblo pequeño lleno de vida, donde sus habitantes son campeones mundiales en la organización de fiestas y podrían llegar a concurso de alcoholismo desde cortas edades. También está, más al norte del país, el lago San Pablo y su cuidador el volcán Imbabura, que cuenta alguna leyenda que su corazón se encuentra en el lago y solo un valiente podrá encontrarlo. Con aguas heladas y patos de distintas razas nadando en sus aguas, hay hosterías repletas de cabañas que esperan turistas aventureros que quieran pasar una noche bastante fría, comer el tradicional Locro con papas y se dediquen a regatear largo rato a los vendedores ambulantes de artesanías locales; más o menos cerca de la capital se puede llegar a las aguas termales de Papallacta. En la vía que se debe tomar, una vez una familia encontró a dos osos de anteojos, asi que quién sabe y se logra una toma bastante absurda de animales salvajes caminando tan tranquilamente por los carriles destinados a los vehículos a motor.

Vengan a Ecuador señores y señoras extranjeros y extranjeras. Es un desastre, hay delincuencia, tráfico caótico y desorganizado, burocracia en oficinas que matarán de iras a aquellos que están acostumbrados a la eficacia, vendedores malgenios, música a todo volumen a cualquier hora del día, museos con guías que se aprenden guiones… Es tal el desorden que la persona no para de sorprenderse. Andar por los caminos ecuatorianos pretende que quien lo haga se encuentre en constante estado de alerta, nunca se sabe cuándo puede cruzar una vaca por la carretera o una pelota de fútbol y atrás un niño que quiere recogerla. O la fiesta que se convierte el estadio Atahualpa cada vez que la selección juega y a veces pierde, pero la cerveza nunca falta para cuando alguno de los jugadores mete un gol y hay los que deciden lanzarla a los cielos, para que sea el mismo Dios quien también disfrute del momento. Eso sí, creo que la fiesta del famoso miércoles de Bungalow en la Mariscal es un ejemplo de que los extranjeros se saben divertir en un ambiente ecuatoriano lleno de vacíos que se complementan con el intento de superación de uno que otro ciudadano. Juntar personas para lograr una minga y reponer la tapa de la alcantarilla que los ‘pandilleros’ del barrio decidieron robar.

Sí, que se vengan. Que filmen el desorden que a veces se ordena un poco, que promocionen la moda ecuatoriana de amarrar los zapatos del niño recién nacido en el retrovisor del nuevo taxi de un chofer. Cuéntenle al mundo de la intención de preservar el Yasuní y la incongruencias de nuestra propuesta. Es verdad que al Ecuador le falta identidad de sus ciudadanos, pero eso no quiere decir que no nos sobren historias que contar.

Podría asegurar que Ecuador tiene tanto que mostrar pero solo hace falta que alguien quiera hacerlo sin pretender ser nacionalista o nostálgico, solo mostrar la realidad ecuatoriana tal cual es, sin romanticismo patriótico o desenfreno crítico. Vengan a conocer Ecuador, aquí también hay magníficos paisajes y todo lo demás que ustedes buscan para su programación. No se dejen llevar por la propaganda política, se les invita a Ecuador, no al idealismo pseudosocialista. Aunque también a eso. Solo si andan por las calles, conversan con la ‘seño’ de la tienda, podrán entender un poco cuál fue la razón para que se difunda un video del presidente en que lanza al aire la frase “(…) primero muerto antes que perder la vida”. Solo la experiencia ecuatoriana podrá llenar los argumentos mediocres que se presentan en temas en las noticias. Ecuador es mucho, mucho más que eso. No podría definir qué es, porque para eso se necesita definir al mismo ecuatoriano, lo cual sería también profano ya que parte del ciudadano es su falta de identidad. No pretendan encasillarnos en un país latinoamericano normal, señores y señoras de diversos países cercanos y lejanos, tenemos todo menos una normalidad establecida. Dejense llevar por el estado caótico de crisis de un país de cóndores y cangrejos ermitaños. Hay todo, vengan y den testimonio de todo lo que he dicho.

Si no parecemos prometedores, yo sí prometo que van a lograr un programa que el público puede llegar a disfrutar. Quizás en otros lugares del mundo existan personas como yo que se acuestan con su mamá a conocer el mundo por la televisión. Permítanles disfrutar de una hora de Ecuador.

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