El Cuiquito Jijón

Se poco o casi nada sobre mi abuelo Alfredo, quien fue papá de mi mamá, ginecólogo y conocido como el ‘Cuiquito’. El 25 de febrero de 1996, yo tenía 4 años y el recuerdo más vivo que tengo de ese día es la cama plegable con sábanas blancas, junto a la que en la última etapa durmió sola mi abuela, y a la izquierda un tanque azul de oxígeno, ya sin cables a quien ayudar. Me paré frente a la cama vacía y por supuesto no entendí nada. Algunas horas después, cuando entré a la Iglesia de la Paz tomada de la mano de mi mamá, alguien me había puesto el vestido azul con conejitos blancos que mi abuelo alguna vez me regaló. Yo estaba contenta porque era mi vestido favorito, además de que tenía una cartera que combinaba perfectamente, pero sí estaba consciente de que el ambiente era triste y también debía estarlo. Ese día, mi mamá compró una palanqueta de Baguette, el pan favorito de su papá. Nadie lo comió.  Mi tió Paco/Pájaro Febres Cordero en su libro Soy el que pude cuenta que cuando le preguntaron qué le dolía, él contesto que la vida -a mí se me llenan los ojos de lágrimas-. Punto. Los recuerdos siguientes son cortos y al azar.

Mi abuelo comía Corn Flakes Originales, cuando estábamos juntos yo le aumentaba azúcar y él un banano cortado; una tarde vimos muchos capítulos de El Chavo del 8, ojalá recordara cómo era el sonido de su risa; pintaba, lo que más llamaba mi atención era que lo hacía dentro de conchas, después de oír el eco del mar en un oído; una tarde, con mi hermano Hugo José, volvimos de la tienda con un cuaderno de cuadros y lápices de colores; era calvo y no tan alto, usaba tirantes y camisetas blancas interiores; nunca más volví a ver mi reflejo en unos ojos tan dulces; un tiempo usaba, o al menos había en la casa, una silla de ruedas, con mi hermano jugábamos con ella pero a él no le gustaba, claro que lo seguíamos haciendo a escondidas; cuidaba las plantas con dedicación; yo concluyo que nadie logró destronar a su Piruquita, quiera era su única hija, además de la afortunada heredera de su carácter y maneras más características. Debido a esta última razón asumo que teníamos una relación especial, que me quería; por una época fui su nieta más chiquita, única hija de su única hija.

Llevo en segundo lugar su apellido, pero decidí hacerlo uno con el de mi papá. Lo hago por algunas razones, una de ellas es en su honor sentí que todas mi esperanzas tenían sentido cuando mi prima Isabel me contó que ella sí creía que yo era su favorita, “(…) el abuelo era especialmente cariñoso contigo”, fueron más o menos sus palabras. Desde ese día, yo le demuestro mi amor escribiendo mi nombre y mi apellido completo.

Ser su nieta es un orgullo. Y aunque no sepa mucho sobre él, hay algo en mí que me dice que está conmigo todo el tiempo y que era su favorita. Desde el cielo me entiende y este rato que yo termino de escribir y de llorar un poquito, también me río porque mi rompecabezas mental tiene algunas piezas en su sitio, sobretodo esa que dice que soy la orgullosa nieta del Cuiquito Jijón.

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