Cinco minutos con…

Cinco minutos con Alex Ron y sus alumnos de la clase Composición I MJ 18:00-19:30.

Juan David lanzó un comentario al aire, “(…) hagamos algo más que el escribe y aplaude de todas las clases”. El profesor, quien se esmera por sacar la parte creativa de sus alumnos, lo tomó como una crítica fuerte. En las clases siguientes, propuso a sus alumnos trabajar sobre la misma base de la improvisación, mientras incursionábamos en los demás terrenos del arte. Como por ejemplo el ‘performance’, o una acción artística que se basa en la improvisación, jugando también con la estética y la ironía hacia una parte del teatro clásico; entonces, el martes nos dedicamos a presentar obras creadas ese momento y la verdad es que toda la clase se divirtió mucho sobretodo por la falta de seriedad de entendernos como actores. A la final somos solo compañeros de clase, aunque el profesor sí percibe una que otra pareja, no actores a propósito porque cada quien se encarga de corresponder al personaje de su propio guión.

La frase del ‘escribe y aplaude’ ya se ha convertido en un chiste interno. “¿Qué vamos a hacer hoy profe?” es lo primero que, generalmente, Diego pregunta. “Cinco minutos con…” es la respuesta. Cada alumno debe sentarse en la silla del profesor y hablar sin detenerse por cinco minutos, sobre el tema que cada uno decida, “(…) tiene que convencer a los demás, que somos sus espectadores”; comienza el mismo Juan David, y aceptando la sugerencia del profesor decide hablar sobre bicicletas. Se nota que sabe del tema y los cinco minutos pasan. Aplausos. Sigue David, quien nos cuenta sobre el motor de un carro que no podría repetir cuál era ni qué componentes tenía, pero sí me llamó la atención el dato de que tiene unos frenos tan buenos que en 50 metros pasa de 320 km/h a 0 km/h. Pasa Martín, como si se hubiesen puesto de acuerdo, cuando es el turno de Marola y habla sobre la carrera de relaciones internacionales, todos entendemos la relevancia de la Unión Europea de la que habló anteriormente. Me llama mucho la atención las últimas palabras de ella, “(…) esa es la única desventaja de esta carrera, no poder llegar a formar una familia estable porque se tiene que viajar por el mundo, pero hay ciertos sacrificios que se tienen que hacer para lograr que lo uno quiere”. Tiene toda la razón, pienso. “Que pase otra mujer”, me levanto yo. Nerviosa, camino desde mi puesto a la silla del profesor, cojo el marcador, juego un rato y miro hacia arriba donde están mis compañeros viendo mis movimientos. Empiezo a hablar, “como todos deben haber notado, a mí lo que me gusta es escribir”. Hago una larga descripción de mi pasión, miro el modo en que me ven mis compañeros porque de esa manera se puede determinar qué tan interesados están en el tema. Por suerte hay algunos ojos que parecen atentos y sigo. Les cuento un poco de por qué me gusta escribir, sobre qué y termino con que tengo un blog. De hecho anoté en la pizarra de la clase el link para llegar a este lugar [si alguien de la clase está leyendo esto, no me queda nada más que agradecer]. Después de admitir que quería escribir sobre cada uno de mis compañeros, me siento. Siguen Diego y su amigo que no recuerdo el nombre [perdón], pero el ejercicio termina con la presentación de Andrea, quien nos deslumbró con su honestidad y estoy segura de que dejó a toda la clase con algo muy importante en qué pensar.

Cinco minutos con mis compañeros me dejaron en claro que todas las personas tienen una historia que contar, es por eso que tengo que ser más perceptiva y escuchar más. Personas hay en todo lado, personajes tras una máscara que no hace falta más de cinco minutos para que un narrador imaginario se encargue de mostrarlos tal cual son/somos. Cinco minutos de performance individual/personal, para darse a conocer y quitarse cualquier atadura. O, en las palabras del profesor Alex Ron, “(…) reírse de la propia ridiculez”.

Anuncios

4 comentarios sobre “Cinco minutos con…

  1. Burlarse de la ridiculez es lo más difícil, pero es algo tan necesario como respirar. Me es importante contarte que a través de la madurez, tomamos conciencia de la ridiculez y la evitamos. ¡Sigamos siendo ridículos! Me gusta leerte 🙂

    1. Es tal vez más ridículo intentar esconder que somos ridículos y eso es lo que nos hace únicos. Mis ridiculeces no son iguales a las tuyas, ni viceversa por suerte (jejeje).
      Muchas gracias Nachi!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s