Resurgir

Ayer, cuando salí de confesarme, cerré la puerta del cuarto con una sonrisa. Hay veces que necesitas escuchar solo una frase, de una persona exacta que te devuelve a la vida. Por supuesto que no voy a revelar el pecado del que me confesé, pero me parece que vale la pena repetir lo que el padre Lenin me dijo: “(…) a veces te toca matar ciertas acciones para poder volver a surgir. Comenzar de cero no quiere decir que vas a empezar desde el principio, ya has recorrido un largo camino, solo que ahora sabes qué cosas sí debes hacer para lograr tu objetivo”.

Es así como yo entiendo a la religión: una forma de vida. Creer en algo o alguien viene directamente de la fe y la devoción, también en la confianza de que hay un ser por algún lado -o en todos los lados-, que está constantemente alerta de cuáles son tus pasos, no para juzgarte sino para ayudarte a levantar cuando lo necesites; pero esa es la Ana María católica. La fe que yo le tengo a Dios nació en mi infancia y fue creciendo con los años. Voy a misa porque yo quiero, más allá del miedo a irme al infierno si hago lo contrario.

Creer en un ser superior me ha ayudado a ser mucho más tolerante. Esto podría sonar a un contrasentido. He tenido varias discusiones con otros católicos sobre la difusión de la palabra de Dios. Yo creo que se debe predicar con el ejemplo, si las palabras no conforman acciones, pierden el sentido. Hay otros que están convencidos en que su misión es la contar a todos cuánto aman a su Dios, para así convertirlos. Cada uno tiene su forma, sí, pero yo creo que debemos ser más inteligentes y permitir que los demás decidan por sí mismos: no debido a una imposición (de cualquier tipo, desde la coersión, pasando por la manipulación y hasta el miedo). Repito, para mí la única manera de demostrar algo es con la vida misma.

Lo que me dijo el padre Lenin entonces tiene sentido cuando quiero aplicarlo a mi vida. Hay muchas razones por las cuales resurgir. A veces nos dejamos llevar por lo que dice el medio sobre cómo debemos vivir, haciendo que nos olvidemos de poner atención en los detalles que hacen quién verdaderamente somos. No se puede volver sin haber empezado, intentar lograr el cambio solo cuando concretamos qué es lo que debemos cambiar; es chistoso, ahora que pienso en esto de los cambios, me acuerdo de mi clase de Filosofía de la Cultura con el Jorge Luis Gomez (nadie más en contra de la Iglesia Católica que él). Me sorprende porque tanto lo que me dijo el padre Lenin como lo que el Gomez me enseñó, puedo unirlo para lograr un equilibrio. Mi profesor dice que el problema de Ecuador es que siempre se generan rupturas radicales que se convierten en el modus operandi de toda una época, lo que conlleva a crear revoluciones con ideas que podrían llegar a ser  trascendenatales a futuro, pero nunca se consolidan porque aparece alguien más e impone las suyas, totalmente nuevas. Nuevas en sentido figurado, porque en el fondo son las mismas de antes, solo que con distinta retórica, pero se cambia todo para que parezca que es genuino; unifico estas dos versiones de la realidad porque las dos me trajeron a este momento. Para el Jorge Luis las rupturas deben darse después de superar la crisis positiva de la no-definición, y para el padre Lenin la persona necesita superar los errores del pasado para mantenerse en el camino pero con una actitud reconstruida.

Entonces yo concluyo, para poder resurgir hay que pasar por una crisis, la cual permita determinar cuáles es/son las razones por las que te encuentras así, pero eso no quiere decir que hay que hacer ‘borrón y cuenta nueva’. He intentado eso de empezar de cero, pintándome el pelo o cortándome, arreglando mi cuarto, yendo a misa todos los días, oyendo diferente estilos de música… Buscando distintas posibilidades como nuevas direcciones… Pero a la final, la esencia siempre renace, es por eso que hay que entenderla como el resultado de una transición que al fin permite ver el cómo, el cuándo, el dónde y el por qué de la vida.

Resurgir para mantener mi ‘yo’, con fe y esperanza en el futuro, comprendiendo al pasado como lo que fue y el presente como el momento de aprender a vivir como solo cada uno sabe cómo.

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