‘La de chimbas’

Al pasado, generalmente, se lo mira con tanta nostalgia… Se puede recorrer la vida, ida y vuelta, repasando detalles que en ese momento no les pusimos atención. Fotos que encuentro, cuaderno que alguna vez llené, libros que leí y escribí en sus márgenes… Y podría seguir y seguir…

Cuando era chiquita a mi me gustaba hacerme dos colas a los lados de mi cabeza, o ‘chimbas’. No me acuerdo si alguna vez alguien por mala intención me jaló muy duro, pero sí que el compañero o la compañera de atrás las utilizaba como timbre para llamar mi atención. Unas veces era para decirme algo, o pasarme una carta para mí o que yo continuara con la cadena y también para pedirme la respuesta de una pregunta específica (Ojo, vale la pena aclarar que jamás he sido la lumbrera del curso, por lo que esta última opción la pongo más para mí que porque realmente sucedió).

Hace tiempos que no me hago chimbas, y no solo porque ya no soy una niña. Aunque pensándolo bien, ser una niña es más una actitud que una realidad, tomando en cuenta que hay algunas niñas que tienen personalidad de señoras mayores; supongo que no me hago chimbas porque muchas veces creo que tengo una idea que cumplir. La cual no siempre es materializada por entrar en el espacio vacío del imaginario colectivo en el cual intento desenvolverme.

Muchas veces el pasado es triste. Me pasa que vuelvo a ponerme, como una muñequita de papel (conocidas en Ecuador como ‘cucas’) que se puede cambiar de vestimenta y moverla a diferentes escenarios, en las mismas situaciones por las que ya pasé y empiezo a sentir de la forma que lo hice ese rato. Repito, es triste porque ya se fue y no puedo cambiarlo. Pienso, también, en cómo sería mi vida si no hubiera hecho lo que sí hice, borrando tanto los errores como los aciertos, pero las equivocaciones con mayor intensidad. ¿Sería la persona que soy ahora? ¿Solo que con ciertos arreglos y menos temores? Así la baraja de opciones va perdiendo el equilibrio, dejándome con las preguntas sin respuesta porque nadie en este mundo es capaz de decirme cómo hubiese sido, porque quien soy es lo que soy y no hay nada que pueda hacer ante eso.

Siendo ‘la de chimbas’, a veces me escondo en mi pasado para así transitarlo en las noches sin que nadie se entere. Los caminos son estrechos y anchos, dependen más de qué exactamente es lo que quisiera recordar: mis modos, mis actuaciones, las metas que tuve, la gente a las que conocí, entre otras cosas… Pero eso sí, mientra escribo esto sigo poniendo la cabeza hacia un lado, recordando que hay cosas que supongo que forman parte de mi esencia y por eso no cambian.

Hay tanto de que hablar sobre el pasado que no se transforma, siempre está ahí esperando que en las noches desordenadas como las de ahora en mi vida, yo vuelva y repita sin cansarme, por más de que me cause tristeza saber que está sellado y solo puedo llegar abriendo mi caja de memoria.

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