Un sábado de escalera caída.

Dormí con mi mamá y me desperté cuando me pedía el control de la televisión, después habló con mi papá por teléfono y finalmente decidió empezar a molestarme para que me despertara de una vez por todas. Me convenció cuando me dijo que me iba a hacer el desayuno.

Comimos, conversamos y me mando a bañar; cuando salí de la ducha y pretendía secarme el pelo, oí: “Anamaritaaa, ven un raaatiito”. Bajé y me pidió que sostenga la escalera de madera mientras ella lavaba el desagüe de un techo. Al principio todo estaba bien. Empezó a caer el agua sucia del canal y mi mamá estaba radiante de felicidad porque su trabajo daba resultado, con su pijama azul a cuadros y las zapatillas celestes. Después de un rato empecé a pensar en otra cosa mientras veía como ella movía la manguera de un lado a otro y todo estaba según lo planeado. Dejó de importarme el suelo sucio y mojado, para pasar a crear una escena tan divertida como la personalidad de mi mamá. Movimos para la derecha la escalera (la cual, es importante mencionar, estaba muy mojada) y la acomodamos entre un charquito de agua y una parte seca. Tengo que reconocer que dejé de prestar atención a lo que yo hacía para solo seguir ordenes, pero lastimosamente seguí todas menos la de “…pon tus manos a los lados y un pie arriba”, la cual por supuesto era la más importante. Entonces, la escalera cedió y empezó a resbalarse, en cuestión de segundos mi mamá estaba en el piso -después de golpearse contra la pared y dejarla manchada con dos rayas largas de manos con tierra-. Las dos nos miramos y mi mamá dijo, “yo sabía que esto iba a pasar”, yo me quedé callada porque no quise aceptar que realmente fue mi culpa por no sostener la escalera mientras mi mamá subía. Me quejé, me quejé porque a mí me cayó en el dedo y la Mariape se tocó la cara, en la que su cachete izquierdo empezaba a enrojecerse.

Me lavé los pies. “Eso pasa cuando se me mete una idea en la cabeza, que sé que tengo que hacer” y ella volvió a poner la escalera en su lugar; desde mi ventana, en el segundo piso, veo ahora como mi mamá limpia el agua sucia y barre la tierra… Llegó el Hector, el ‘jardinero’ y juntos están arreglando el desagüe. Pero esta vez él se sube solo y se baja sin problema. Tengo la teoría de que “más ayuda el que no estorba”, por eso me senté en mi escritorio, prendí la computadora, puse Johnny Cash y empecé a escribir. Afuera mi mamá sigue trabajando con su pijama de cuadros, el Hector sí seguirá sus ordenes. Yo desde arriba, siempre observadora, terminaré de escribir esto y me dispondré a secarme el pelo.

Mi dedo está un poquito morado y su cara entre roja y rosadita… Este sábado recién empieza.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s